Cultura

Documental y ficción, unidos en Venecia

  • Amos Gitai presenta en la 72 edición de la Mostra 'Rabin, the last days', una película sobre el asesinato del dirigente israelí

"Las tres balas que el 4 de noviembre (de 1995) mataron a Isaac Rabin cambiaron el destino de nuestro país". Así de rotundo se mostró ayer el realizador israelí Amos Gitai, que presentó en Venecia Rabin, the last days, un filme en el que el cineasta emplea material de archivo y documentos legales para reconstruir el asesinato de Rabin, el dirigente israelí que más cerca estuvo de firmar la paz con los palestinos tras los acuerdos de Oslo, así como la comisión Shamgar que investigó el magnicidio.

La película de Gitai, que compite por el León de Oro de Venecia, mezcla imágenes reales, testimonios del entonces ministro de Asuntos Exteriores Simon Peres o de la viuda de Rabin, Leah Rabin, con una recreación del día del asesinato y de la investigación de la Comisión Shamgar, que analizó los fallos operativos que permitieron el magnicidio, pero que no pudo ahondar en las razones.

La respuesta del público a esta apuesta por un formato híbrido ha sido bastante moderada, pues si bien el filme tiene sus mejores momentos en la parte documental, el rodaje tan austero de la parte de ficción, con apenas actores y casi sin decorados, hacen que el resultado final sea frío y aséptico.

De los hechos sobre los que trata la cinta, el director afirmó que no creía que hubiese ninguna conspiración contra Rabin. Lo que ocurrió, en su opinión, es que los opositores al primer ministro intentaron desestabilizar su Gobierno y, al no lograrlo, decidieron matarlo. Esa es la teoría que esboza en la película.

Gitai comenzó la rueda de prensa pidiendo que se guardara un minuto de silencio por el fallecimiento ayer lunes de Riham Dawabsha, madre del bebé palestino que murió en Cisjordania al igual que su marido al incendiarse su casa por un ataque con un cóctel molotov atribuido a extremistas judíos en julio pasado.

Además fue muy crítico contra las autoridades israelíes. "Fui pesimista y desafortunadamente tuve razón", dijo el realizador sobre la victoria de Benjamin Netanyahu en las últimas elecciones. "Israel no es un proyecto religioso, sino político", y así debe seguir porque el político "busca las formas de acomodar la realidad", mientras que el religioso "pierde la perspectiva". Finalmente pidió al Gobierno de Israel que siga con el proyecto político, "reconociendo al otro y no ignorándolo".

Ayer tarde también tuvo lugar la presentación de Zonda, folclore argentino, el último proyecto del director español Carlos Saura, quien, a diferencia de Gitai, sí tuvo suerte con el formato ficción y documental. Esa mezcla abre "todo un mundo de posibilidades para trabajar con la imaginación", precisó el cineasta.

Su trabajo, presentado en la sección Jornadas de los Autores del Festival de Venecia, tuvo una muy buena aceptación por parte del público. Con esta coproducción hispano-argentina, Saura quiere dar a conocer la maravilla que es la música y los bailes del noroeste del país latinoamericano.

En esta ocasión, el veterano cineasta no ha trabajado con su habitual director de fotografía, Vitorio Storaro, sino con el brasileño Felix Monti, "una persona maravillosa y un fotógrafo eminente con un talento enorme". Aunque Monti no quería repetir el trabajo que Storaro realizó con Saura en películas como Tango, al final tuvo que rendirse a la evidencia. "No ha tenido más remedio que seguir la senda de Storaro, pero dejando su impronta", afirmó el director.

También dentro de la sección Jornada de Autores se presentó el último trabajo del chileno Matías Bize, La memoria del agua, una histórica dramática en la que participa la española Elena Anaya, a quien el director tuvo en mente desde el primer momento e incluso escribió el guion pensando en ella.

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