Lectores sin remedio

Efímera

Solera Jerezana Solera Jerezana

Solera Jerezana

HUBO una epóca donde la información contenida en la prensa diaria apenas trascendía más allá de la fecha del calendario en la que se publicaba. Por ello era común hasta bien avanzada la mitad del siglo pasado, que los ejemplares una vez leídos y perdida aparentemente su utilidad, se destruyeran. Ello explicaría que no hayan llegado a nuestros días muchas y valiosas colecciones de periódicos y revistas, pese a que junto a la actualidad del día incluyeran artículos, relatos, o abundante material gráfico.

Es decir todo un valioso material hoy día para la investigación, y que ha obligado a los centros bibliotecarios y de documentación que conservan algunas de estas colecciones, a custodiarlas celosamente no solo por su fragilidad sino también por su rareza, siendo una de sus prioridades proceder a su digitalización (cuando los siempre escasos presupuestos lo permiten).

Al igual que la prensa diaria, durante el siglo XIX y gran parte del siguiente se publicaban folletos y revistas efímeras por muy diversos motivos, en la mayoría de las ocasiones ligados a las fiestas locales. En Jerez destacarían ‘Solera Jerezana’, ‘Guión’, ‘Gran Feria de Jerez’, entre un listado interminable. En ellas junto a la información de ese calendario festivo, y si somos curiosos, encontraremos firmas destacadas de literatos, historiadores, publicistas, poetas, bibliófilos, como Pemán, Pérez Solero, Hipólito Sancho, Fernando Bruner Prieto entre otros muchos. A mí siempre me ha atraído hurgar en estas colecciones, pues no es raro encontrarse en ellas algún poema de sorprendente calidad o alguna narración corta que, como diría mi amigo Atanasio, “se deja leer”.

Hace poco hurgando en una colección de folletos encontré un curioso texto bajo el título de ‘Anécdotas y Chismorreos’, donde el autor escondido bajo las siglas J. M. dejaba, entre otras anécdotas, unas pinceladas gruesas sobre D. Gabriel de Soto y Lavaggi (cuñado de D. Manuel María González Ángel): “D. Gabriel era un solterón muy mujeriego, con queridas y constantes trajines en los diversos puntos donde vivía o por los que viajaba. El motivo de su muerte fue una enfermedad en el pene que le originó grandes dolores, por lo que fue operado en Jerez por el doctor D. Francisco Revueltas Carrillo y Montel. Se dice que en la operación estuvo presente D. P.N.G., y cuenta este que estaba tan nervioso y preocupado el paciente en los momentos previos a la operación, por su futuro sin ese importante miembro de su anatomía, que el doctor le intentó tranquilizar con estas palabras “No se preocupe Ud., que le dejaré útil para un blanqueo”. En otra ocasión daré cuenta de otra historia impagable, la de ‘Perico rata’, que era el fijador municipal de edictos y avisos, y que nos dejó para la posteridad otro nombre olvidado: A. Rodriguez-Pascual y Vega.

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