Cultura

Eliot, versos para una restauración

  • Andreu Jaume traduce los 'Cuatro cuartetos' del poeta para una nueva edición en la editorial Lumen

  • En esta obra cultiva "una voz mucho más clara y limpia, cercana a lo conversacional"

Andreu Jaume lleva "muchos años leyendo, estudiando y admirando toda la obra" de T. S. Eliot, y manifiesta una "especial debilidad" por Cuatro cuartetos, cuya traducción ha sido recientemente publicada por la editorial Lumen, con el añadido de los coros de las piezas teatrales La roca y Asesinato en la catedral. "Es una obra que prácticamente me sé de memoria y que me acompañará siempre. Traducirla ha sido una forma de homenaje y una culminación. Es, por supuesto, muy difícil de traducir. Pero es posible. Espero haber encontrado el tono que esa poesía necesitaba en castellano, el tono meditativo. Eliot tiene aquí un timbre muy específico que uno debe ser capaz de reproducir en la lengua de llegada. Ese ha sido mi reto", señala el especialista.

Cuatro cuartetos, recuerda Jaume, es "la última obra poética que escribió Eliot -1888-1965-, la culminación de lo que había empezado con Prufrock en 1917. El primero de los Cuartetos se publicó en 1936, cerrando el volumen de su poesía reunida. Fue una sorpresa para todos, incluido el propio Eliot, quien estaba convencido de que su ciclo poético había terminado. Ocurrió sin embargo que su dedicación desde principios de los años 30 al teatro le descubrió una nueva voz, más cercana y transparente, con la que fue capaz de dar forma a la experiencia íntima, intelectual y religiosa que venía viviendo desde 1927, cuando se convirtió al anglicanismo y también desde 1933, cuando se separó de su primera mujer, Vivienne Haigh Wood, con quien había vivido un auténtico infierno".

Mientras La tierra baldía -1922- es "la expresión de una destrucción, íntima y colectiva, personal y social", Cuatro cuartetos constituye "la expresión de una restauración, también íntima y colectiva". En La tierra baldía "cantó la devastación de la Primera Guerra Mundial y la desolación de su primer matrimonio". En los Cuartetos "intenta reencontrar una armonía mediante un ejercicio espiritual de comunión con Dios que a la vez supone una renuncia al yo, al ego, tanto biográfico como histórico, una superación del sujeto. En ese sentido es una propuesta que sirve tanto a los creyentes como a los ateos".

En Eliot, apunta Jaume, "las referencias biográficas están siempre sumergidas, nunca se hacen explícitas, pero al mismo tiempo son muy importantes. Decía que el placer que nos procura la gran poesía estriba mayormente en captar algo que no iba dirigido a nosotros. Y eso es lo que notamos en los Cuartetos, por ejemplo al leer el movimiento inicial de Burnt Norton, ese paseo por un jardín abandonado que inmediatamente nos sugiere que algo importante y muy íntimo está ocurriendo, aunque no sepamos el detalle de la anécdota".

Eliot, que en 1948 logró el Premio Nobel de Literatura, es "un poeta educado en el simbolismo francés, cuyos tonos y asuntos importó a la poesía anglosajona, revolucionándola. En su obra temprana es un poeta puramente vanguardista, en un sentido ya muy tópico. Está más preocupado por mostrar que por decir. Teme ser transparente y se defiende del público con la oscuridad. En los Cuartetos, en cambio, la voz es mucho más clara y nítida, cercana a lo conversacional, algo que sin duda se origina en el cultivo del verso dramático, que Eliot seguiría explorando hasta poco antes de su muerte. Los asuntos y los problemas tratados son complejos, pero la manera de expresarlos ya no es críptica, como en La tierra baldía".

Jaume acaba de terminar la traducción y el estudio del poema de Auden Elogio de la piedra caliza y trabaja en una edición de Las flores del mal de Baudelaire. Y para los próximos meses le espera "una magna edición de los metafísicos ingleses, tan queridos por Eliot".

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