Diario De las artes

Entusiasmo pictórico

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Entusiasmo pictórico

María Luisa Rey

Torre de Guzmán

Tarifa

Existen muchas clases de artistas; los hay natos; los poseídos por un don y que con sólo ponerse a trabajar formalizan aquello que tienen dentro con la mayor facilidad; son los menos. Éstos son inconstantes, poco trabajadores, activos sólo cuando quieren o la necesidad les hace enfrentarse con la aplastante realidad y deben actuar. Hay otros muy trabajadores; esforzados y con un afán creativo inmenso. Los hay que manipulan los trebejos artísticos con solvencia, que saben manejar todo cuanto tienen y son capaces de extraerles todas sus inmensas posibilidades. Éstos, con poco, consiguen mucho. Si a estos últimos les añades que son entusiastas, apasionados, buscadores de todo aquello que consideran pueden servirles, que no cejan en su empeño, que siempre están dispuestos a la lucha diaria con los materiales y que, además, su insatisfacción les hace trabajar más, investigar más, andar más, encuentras en ellos unos artistas capaces y con muchos argumentos para conseguir lo que se propongan, hacerlo bien y con resultados altamente satisfactorios y convincentes. Desgraciadamente, también, hay otros que se autodenominan artistas - como podrían llamarse ingenieros del arte, que de todo hay -; hacedores de pompas de jabón que se disuelven en el aire por su pobre consistencia. Y lo peor de todo, existen otros que ni siquiera son porque su realidad jamás ha sido. De los muchos fantasmas, voceros, vendedores de humo, encantadores de nada, no hablamos porque sólo son ectoplasmas del arte que parecen que están pero que sólo son ilusiones ópticas, apariciones efímeras sin otra cosa que su verborrea cautivadora para escuchantes desinformados. De todos ellos, ustedes tienen nombres amoldables a tales características.

María Luisa Rey es un artista de las que no se sienten artistas, que es tanto como decir que, realmente, lo es de verdad. He comentado en muchas ocasiones que se trata de una de las pintoras a las que más hemos visto progresar en los últimos tiempos. Lo ha hecho porque está llena de pasión por la pintura. Es una entusiasta clara de todo aquello relacionado con la profesión; la vemos en Ferias, ávida de conocer más, en muestras importantes; asiste a las exposiciones de los demás - esto no es habitual -, es amable con todos sus compañeros, nunca habla mal de los otros - tampoco es moneda de uso corriente -, a todos les encuentra cosas positivas. Siempre está buscando caminos; sus muchos logros no le velan el espíritu y sigue manteniéndose en ese inquietante episodio de insatisfacción y de seguir luchando. También es una pintora trabajadora incansable. Por todo ello es fácil que tanta pasión le haga alcanzar momentos de importancia creativa y consiga series de éxito.

En estos días expone en la Sala de la Torre de Guzmán, en Conil, una sala municipal con escasa infraestructura pero muy visitada en los meses de verano. La muestra nos sitúa en ese apasionamiento formal que tanto anima la obra de esta artista. Realiza una pintura variada, tocando muchos temas de una figuración poderosísima a la que domina abiertamente. Se ha ido dejando atrás las fáciles apuestas por la absoluta concreción, esa de la que tanto presumen los más pusilánimes, para afrontar un poderoso expresionismo donde se aprecia el dominio de la pincelada valiente, extrema y sin concesiones. En ese afán por desprenderse de métodos donde la absoluta concreción es la dominadora de la parcela representativa, se adentra por un realismo gestual, con la pincelada extrema pero justa, la morfología cromática sabiamente adecuada a una sintaxis compositiva muy bien organizada y que traslada a unos modelos ilustrativos poderosamente llevados a una escena donde nada deja indiferente.

En Conil, el espectador se va a encontrar con unos paisajes de vehementes estructuras coloristas, con una tauromaquia confeccionada con mínimos para alcanzar máximos absolutos, con unas escenas en las que los elementos transcriben contundentes episodios de muy acertado expresionismo; en definitiva, con lúcida pintura en la que la figuración adopta sus más determinantes postulados.

De nuevo, María Luisa Rey nos convence de que su evolución pictórica avanza por caminos de justas posiciones. Su entusiasmo creativo se refleja en una pintura de absoluta contundencia formal y generosa artisticidad.

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