Cultura

Familiares y amigos velan a Juan de la Plata, que será enterrado hoy

  • El funeral por el flamencólogo se celebrará, a las diez de la mañana, en la iglesia de Santa Ana.

Tranquilo. Así se fue Juan. Juan de la Plata, con un periódico entre las manos y con muchos proyectos en la cabeza. Se marchó, sin embargo, sabiendo que había hecho mucho -para él nunca lo suficiente-, por el flamenco, su ciudad, sus costumbres, la zambomba... Lo contaba ayer su familia durante el velatorio del flamencólogo y creador de la Cátedra de Flamencología en el tanatorio de Jerez, tierra en la que nació un 11 de mayo de 1932, aunque en los últimos tiempos residía en Cádiz con su hija Concha y su marido, Juan Carlos. Y fue allí, en la Bahía, desde donde dijo adiós con su bastón y su sentido del humor, con su voz tosca, pero tan cariñosa a la vez.

Fueron muchas, muchas las personas que ayer quisieron mostrar su respeto y aprecio a Juan de la Plata, nombres de la política, la cultura, empresa, sociedad, como la bailaora Angelita Gómez, a quien le unía una gran amistad con Juan de la Plata, así como Manuel Ríos Ruiz, Paco Cepero, Matilde Coral, la directora del Instituto Andaluz de Flamenco, María de los Ángeles Carrasco; Manuel Pérez Celdrán, Pepe Marín, miembros de la Academia San Dionisio... Una gran acogida y despedida capitaneada, cómo no, por su familia, sus hijas, hermanas Pilar y Carmen, sus maridos...

Un hombre muy querido, y muy de Jerez, que supo mimetizarse en su nueva vida en la capital, donde las mañanas las pasaba en un centro de día, entre numerosas actividades. Tan integrado estaba que un día le vistieron del Cádiz, ¡"con lo jerezano que era él!", recuerdan sus allegados. Pero Juan apenas escribía desde que enfermó por un ictus, pero eso sí, y aunque no quería ver nada de flamenco en la tele, sí que leía mucho sobre este arte. De hecho, estaba coleccionando el cuadernillo que sobre el Festival de Jerez publica este Diario cada día. Seguía muy ligado a este periódico, y a su tierra, que no perdía de vista. También enviaba sus inestimables colaboraciones a Diario de Cádiz. Una relación con el periodismo que mantuvo hasta el último momento, y es que tenía guardados artículos a medio acabar e, incluso, una novela. Ahora la familia tendrá que armarse de fuerza para revisar todo su legado, sus legajos, sus deseos sin cumplir, aún. Para que las palabras y los papeles no se los lleve el viento y que otros no echen por tierra el trabajo de tantas décadas.

Siguen siendo innumerables e imparables las muestras de cariño que llegan a este Diario de Jerez en forma de tribunas libres, notas de prensa, una llamada, un comentario... Porque Juan sembró bien y la cosecha ha sido abundante.

Así se demostró ayer en el tanatorio, y así seguro que será hoy, en su entierro, en su funeral, a las diez de la mañana, en la iglesia de Santa Ana. Al lado de su parque, el de Juan, el de La Plata, donde nació, donde correteó de crío, antes de convertirse en todo lo que fue y seguirá siendo en el recuerdo.

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