Crítica de Cine cine

Fantasías a la viagra

Gérard Depardieu y Adriana Ugarte, en 'Enamorado de mi mujer'. Gérard Depardieu y Adriana Ugarte, en 'Enamorado de mi mujer'.

Gérard Depardieu y Adriana Ugarte, en 'Enamorado de mi mujer'.

El patético sesentón blanco y burgués sigue fantaseando con la joven latina y radiante, eso sí, vigilado de cerca por la esposa neurótica y controladora que se sabe imbatible en ese duelo femenino y generacional entre el orden familiar y la vida de vuelo libre.

Ese es el mensaje, rancio, sexista y conservador, que sobrevuela Enamorado de mi mujer, vodevil dirigido por Daniel Auteuil y protagonizado por él mismo y su colega Gérard Depardieu, estrellas crepusculares del cine galo que compiten aquí por el deseo de una nueva juventud romántica y viril entre idas y venidas de la realidad (teatral, esclerotizada) a la ensoñación (Ibiza, Venecia, lencería fina) abruptamente montadas en una estructura en la que se deja sentir un escaso sentido del ritmo para la verdadera comedia.

Enamorado de mi mujer transcurre así entre sonrojantes escenas de salón y unas no menos vergonzosas escapadas de la imaginación en las que sus cuatro protagonistas (ellas, Kiberlain y Ugarte, juegan en un decorativo y misógino segundo plano) pugnan por responder al fláccido tono que Auteuil despliega sobre el conjunto, un vano intento de emular al Woody Allen de tiempos mejores que se cierra con un repliegue moralista encantado con el viejo statu quo de la pareja convencional.

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