Cultura

Fátima Merello en el recuerdo

La pintora Fátima Merello Díez. La pintora Fátima Merello Díez.

La pintora Fátima Merello Díez.

El nombre de Fátima Merello estaba vinculado al arranque de la Modernidad artística en Jerez. Formaba parte de aquel grupo que, en los años setenta, pretendía dar un cambio al ideario plástico de una ciudad demasiada anclada en los postulados de la tradición. Fátima era pintora valiente, consciente, entusiasta y con carácter. Pintaba convencida y desarrollaba un trabajo convincente; a su pintura se accedía fácilmente pero dejando un regusto que no sólo se quedaba en lo que la miraba captaba; sus obras producían emoción, pellizcaban el alma y abrían compuertas más elevadas. Fue protagonista de los primeros momentos pero no se quedó en los iniciales caminos ondeando una bandera que poco representaba. Se introdujo, con pasión, en los planteamientos pictóricos de más amplios senderos. Sabía pintar muy bien la realidad, inyectándole a lo concreto sabios elementos expresivos que atemperaban los ecos fáciles de lo real. Manipulaba el color con determinación, dejando que sus sistemas simbólicos y plásticos formularan sus desenlaces pictóricos. Supo, además, vincular la pintura figurativa a los criterios formales de lo casi abstracto; dejando que la forma plástica inundara de pasión cromática los parámetros de la realidad. Estaba, por tanto, en posesión de un bagaje artístico sobrado; sabedora siempre por dónde circular con poder convincente.

Ahora, cuando ella se ha ido, nos queda su obra, su trabajo entusiasta, el recuerdo indeleble de lo que fue y de lo que hizo; sus muchas y buenas circunstancias creativas; su fortaleza como artista incansable que estuvo hasta el final profesando el mejor credo artístico; aquel que salía de la convicción serena y del querer siempre más. Fue Fátima una pintora respetada en los ambientes artísticos; intérprete fiel de unos registros que llevaban implícitos la pasión del arte por el arte.

Con su muerte se cierra un capítulo que ella, con otros, empezaron a escribir con los renglones rectos y diáfanos que rompían con la tradición. Fátima Merello fue de las artistas que supieron dar el paso firme hacia nuevos horizontes. Lo hizo como deben hacerse estas cosas, trabajando, delante del caballete, peleándose con la creación para poner justamente los límites ilusionantes de lo verdadero.

Una vez más - y desgraciadamente ya van muchos - una artista ha dejado definitivamente los pinceles. De nuevo, la muerte se ha cebado injustamente con una de las nuestras, con una artista sensata, madura y valiente que deja una obra ilusionada y apasionante. Ella ha sucumbido al manto cruel de la que no perdona; pero su obra ha quedado eternamente como patrimonio del arte de esta ciudad. La vamos a echar de menos. Fátima Merello, por siempre y para siempre.

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