Artistas de Jerez

Fernando Pemartín, cuando la realidad gana la más pura esencia plástica

Fernando Pemartín, en su estudio. Fernando Pemartín, en su estudio.

Fernando Pemartín, en su estudio. / Alvaro Medina

Fernando Pemartín es un pintor de Jerez con, ya, larga carrera a sus espaldas. Es un artista de sobradas cualidades. Para mí unos de los más acertados en ese difícil tratamiento de la pintura figurativa que diluye sus contornos hasta reducir sus posiciones a un casi un poderoso planteamiento abstracto. Es, además, un pintor curtido en mil batallas; integrante de una muy buena pléyade de pintores que al entusiasmo creativo unen una gran sapiencia técnica y un manejo absoluto de los buenos argumentos constitutivos de la pintura.

A Fernando Pemartín lo conocí a través de sus muchas comparecencias en los principales certámenes nacionales a donde acudía y donde dejó clara huella de su valía como artista. Fui testigo directo de cómo sus obras llamaban la atención de los jurados en algunos premios donde tuve el honor de participar como miembro - varios certámenes de la Confederación de Empresarios de la Provincia de Cádiz; ediciones del 2002, 2004 y 2005, sen la que la obra de Nano Pemartín era seleccionada y ocupaba un lugar de privilegio en las afortunadas exposiciones y en los catálogos que el concurso patrocinaba - . También fue artistas asiduo del Certamen BMW de Pintura donde consiguió ser finalistas en varias ocasiones.; ediciones XXII, XXI y XIX, años 2007, 2006 y 2004, respectivamente. Obtuvo varios importantes premios. Al mismo tiempo de que todo esto ocurría, la obra del artista de Jerez era expuesta con notable éxito por salas de importancia haciendo ver, con ello, que su pintura poseía una preclara existencia y un valor seguro en el discurrir de una plástica moderna a la que él accedía con innegable entusiasmo y aportando mucha seriedad, rigor y clarividencia. Expone en galerías de Madrid, Sevilla, Cádiz, Lima, Lisboa, Palma de Mallorca y en varias de Jerez, contando entre ellas, la que inaugura en el año 2015, el espacio expositivo del Palacio Virrey Laserna, muestra que contó con la presencia el día de la inauguración del entonces ministro de Cultura Don Íñigo Méndez de Lugo.

Una de sus obras. Una de sus obras.

Una de sus obras.

Fernando Pemartín que se licencia en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla en el 2011 no es un pintor al uso, ni mucho menos. Es un artista sabio que sabe lo que quiere y que pinta como quiere y cuando quiere. Está al margen de modas y muy alejado de los intereses espurios que anidan en este arte actual con tantos registros, tantos episodios nefastos, tantas circunstancias alienantes y tan pocos criterios determinantes. Nano Pemartín realiza la pintura que le satisface y la hace con contundencia, importándole sólo su satisfacción personal y el concepto primario del arte por el arte. Es un pintor que no engaña a nadie; sabe delimitar la creación artística y los episodios ajenos a la misma. Por eso su pintura es pausada, consciente, llena de rigurosidad y sentido artístico. Una pintura que lleva consigo los grandes principios que la han hecho grande a lo largo del tiempo.

La obra de Nano Pemartín deja, aparentemente, suspensa la ilustración de la realidad; peso sólo aparentemente, porque ella permanece intacta en el organigrama general de la obra, sólo que reduce la representación a los más justos esquemas esenciales, allí donde la expresión adopta su fórmula de mayor plasticidad. El artista, que empezó posicionando espacios representativos con un especial orden y una vibrante formulación de los elementos; poco a poco, ha ido reduciendo lo concreto a mínimos organismos cromáticos que, no obstante, mantienen en un espacio mediato esa realidad de la que se parte. En la pintura de Pemartín se aprecian las calidades de un colorido muy bien dispuesto, las líneas descriptivas que planifican la realidad expresada, la esencia de aquellas situaciones concretas que han perdido intensidad ilustrativa pero que han ganado fuerza visual y magnificencia plástica.

Fernando Pemartín sitúa su espacio creativo en unos horizontes donde la mirada sólo descubre lo esencial, aquello que ha perdido gestos inmediatos pero que transporta a la emoción de una pintura que hace gozar infinitamente más a los sentidos. En su obra se diluyen los esquemas concretos, se hacen mínimos elementos de una gran composición pictórica; una extensión cromática que mantiene vivas las referencias representativas pero mimetizadas en una bella realidad expresiva. Sus marcas gestuales expanden la poderosa majestad del color, este se hace fuerte en una estructura de mágicos perfiles donde la gran fiesta de la pintura desarrolla todo su vibrante poder.

En la pintura de Pemartín el proceso reduccionista ha gozado de un gran interés porque, en esa lógica evolución que hemos observado, se ha visto cómo lo real se iba haciendo más sutil, iba ganando en expresividad, en espacios evocados, en un entusiasmo pictórico que agranda la escena visual adentrando la mirada en un horizonte de pura fortaleza plástica.

Fernando Pemartín es un pintor de acciones convencidas y convincentes. Con su pintura la figuración ha perdido intención realista pero ha ganado infinitos resortes emocionales. En sus paisajes los horizontes impregnan de intención plástica la mirada que se ve envuelta en una mágica nebulosa de aplastante inquietud formal. La pintura de este artista ha evolucionado desde la superficie de lo concreto hasta los recónditos espacios donde anida la emoción de la pintura como suprema formulación artística.

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