Cultura

Garras y catanas

Acción, ciencia-ficción, EEUU, 2013, 144 min. Dirección: James Mangold. Intérpretes: Hugh Jackman, Will Yun Lee, Svetlana Khodchenkova, Hiroyuki Sanada, Famke Janssen, Rila Fukushima. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, San Fernando Plaza, Las Salinas, Victoria, Al Andalus, Yelmo, Ábaco, Multicines Jerez.

Hubo un tiempo, a mediados de los 70 y principios de los 80, en que habríamos aplaudido esta película, u otra similar de superhéroes y efectos, hasta rompernos las manos. Compréndalo. Veníamos de mucho blanco y negro, mucho subtítulo, mucho Koniec, mucha incomunicación, mucho compromiso. Y las viejas películas emitidas por la televisión nos habían abierto el apetito por el cine de género y las series B. Ir al cine a divertirse no debía ser un crimen. Y si lo era, estábamos dispuestos a delinquir. Y he aquí que quienes hacían películas debían sentir algo parecido, y empezaron a llovernos del cielo -por citar sólo algunas películas de entre 1975 y 1982- Tiburón, En busca del Arca perdida y ET de Spielberg, Supermán I y II de Donner y Lester, 1997: rescate en Nueva York y La cosa de Carpenter, Mad Max 1 y 2 de Miller, La guerra de las galaxias de Lucas, El fantasma del paraíso y La furia de De Palma, Piraña y Aullidos de Joe Dante… Y la pantalla volvió a llenarse de bichos, marcianos, cartón piedra, monstruos y diversión.

El problema es que la euforia digital, la convergencia/concurrencia de los videojuegos, el 3D y la resistencia del público a crecer han llenado las pantallas de efectos, criaturas y superhéroes hasta el extremo de arrojar la inteligencia de ella o, lo que es peor, de condenarla a un gueto en el que degenera en falsificación y/o pedantería. Como parte de esta invasión he aquí la enésima película inspirada en un personaje de cómic, variante X Men, subvariante lobezno en solitario. ¿Qué puede decirse? Gustará a los incondicionales y dejará tibios a los simpatizantes. Porque se trata de un lobezno torturado por esas angustias que se ha creído imprescindible inyectar en estos personajes inverosímiles para hacerlos humanamente creíbles (?), como si fueran héroes mitológicos capaces de simbolizar las tragedias de los hombres. Empeño estéril que suele embarrancarse en lo grotescamente ampuloso (véanse los Batman de Nolan).

Pero lo peor no es que le hayan inyectado a Lobezno aún más angustia existencial de la que ya tenía. Lo peor es que al inspirarse en una historieta de la serie en la que el personaje iba a tierras niponas, irrumpen las artes, marciales, la filosofía oriental de todo a un euro, las catanas, las piruetas y hasta una especie de robot samurái. Una cara cosita de ver y olvidar de la que sólo se salva el siempre eficaz Hugh Jackman dirigida sin entusiasmo por James Mangold, siempre plano pero al parecer ya irrecuperable tras el castañazo de Noche y día.

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