Cultura

Grilo y sus buenos amigos

Joaquín Grilo, ayer en el teatro Lope de Vega. Joaquín Grilo, ayer en el teatro Lope de Vega.

Joaquín Grilo, ayer en el teatro Lope de Vega. / juan carlos muñoz

Joaquín Grilo estrenó este espectáculo en su tierra, en el Festival de Jerez, el 8 de marzo de 2014. Un estreno realmente difícil de olvidar porque sólo unos días antes nos sorprendía la muerte de Paco de Lucía. Un auténtico mazazo para el flamenco y, especialmente, para un bailaor que tantas veces había tenido el privilegio de enriquecer con su baile el célebre sexteto del guitarrista.

Este hecho hizo que Cositas mías se convirtiera en un sentido homenaje a Paco que nos emocionó a todos. Un tributo que Grilo ha conservado, cuatro años después, en la escena final de esta nueva entrega.

Tal vez por todo ello, anoche la pieza, una sucesión de doce números en sarta, aparentemente sin ningún guión musical o coreográfico que nos oriente y haga más fluidas las transiciones, comenzó con un tono melancólico, casi sombrío. A eso se unió el hecho de que la única cantaora, Mara Rey, estuviera mal de la garganta. Rey, una artista de pies a cabeza, cantó con el alma y con todo su coraje, pero su voz sólo empezó a calentarse en la soleá, ya casi al final, dejando mermados algunos números, como el de María de la O, copla por bulerías que Grilo bailó entre los músicos, sacando toda su vena teatral.

Sin embargo, no cabe duda de que entre las mejores cositas de Grilo están sus amigos, y entre ellos, dos músicos enormes que acapararon todo el brillo de la noche: su viejo compañero Dorantes, a su lado ya desde su espectáculo Leyenda Personal(2010) y el también jerezano Antonio Rey, un guitarrista que mostró su sonoridad extraordinaria tanto en la rondeña como en el resto de sus intervenciones.

Delante de los músicos, colocados en una tarima con el piano y la batería a un lado y a otro, un Joaquín Grilo maduro (este año cumple o ha cumplido los 50), reflexivo y más contenido que de costumbre, fue entrando y saliendo, sacando de sí cositas del buen bailarín y del buen bailaor que fue y que es, aunque no nos hablara mucho de su momento actual. Lo mejor, sin duda, la soleá, un baile que mide la grandeza de todos y que anoche elevó el nivel de energía provocando el mayor de los aplausos.

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