Cultura

Hombres poseídos por la rabia

  • Marc Forster propone una mirada realista a un apocalipsis zombi en 'Guerra Mundial Z', con Brad Pitt como el héroe que lucha para salvar el planeta de una epidemia incontrolable

Largometrajes como Zombies party, Bienvenidos a Zombieland, Amanecer de los muertos o 28 días después y su secuela, y especialmente la serie The Walking Dead, han dado un nuevo empuje al subgénero zombi en los últimos años. Brad Pitt, junto al equipo de su productora Plan B, quiso aprovechar el filón cuando cayó en sus manos la novela de Max Brooks Guerra Mundial Z (editada en España por Almuzara), minuciosa y vibrante crónica de una epidemia a escala mundial narrada con ritmo, erudición e inventiva. La adaptación que ha dirigido Marc Forster llega hoy a los cines españoles tras haber convencido en su paso por Estados Unidos -la cinta obtuvo el fin de semana del estreno los mejores resultados en taquilla en la carrera de Pitt, 66 millones de dólares, aunque el filme no pudo conquistar el número uno al competir con Pixar y Monsters University-, acompañada por los rumores de falta de sintonía entre director y protagonista y las críticas por ofrecer una aproximación demasiado libre al material literario en que se basa.

Porque el relato coral que proponía Brooks se centra en el trasvase al cine en la figura de Gerry Lane (Pitt), un investigador retirado de las Naciones Unidas que vuelve al tajo para enfrentarse a una pandemia que está afectando al mundo. "Intentamos seguir la narrativa del libro, pero descubrimos, cuando nos pusimos a ello, que la tensión dramática disminuía sensiblemente, al menos en términos cinematográficos", explica Dede Gardner, productora del filme y colaboradora habitual de Pitt, que señala que los esfuerzos se encaminaron, una vez alterada la estructura, "a elaborar la película con autenticidad, para que pareciera que eso podía pasarnos a nosotros, ahora, a la gente a la que conocemos. Espero que la película evoque la sensación que tuvimos cuando leímos la novela de Max".

En su voluntad de articular una narración de carácter realista encontraron un aliado en Marc Forster, director inclasificable capaz de pasar del universo de J. M. Barrie (Descubriendo Nunca Jamás) al de James Bond (Quantum of Solace), del dramático desgarro de Monster's Ball a la liviana extravagancia de Más extraño que la ficción. "Quise crear una película que pareciera realista, para que al público le pareciera que esto puede suceder, en cualquier momento, a cualquiera de nosotros", cuenta el realizador, para quien la premisa general de Guerra Mundial Z"es que puede pasar de todo, en cualquier lugar y cualquier día. Nadie se libra, todo el mundo es vulnerable". Al director no se le escapa que las películas de zombis "se pusieron de moda en los años 70, en una época de inseguridad y agitación en la sociedad. Y ahora que estamos viviendo una época de cambios y escepticismo, los zombis están de moda. Son una metáfora sensacional, representan una especie de inconsciencia y sirven de espejo a lo que está ocurriendo en el mundo. Los seres humanos, como especie, somos hasta cierto punto inconscientes, y al final tenemos que despertar", argumenta.

Aunque el hecho de que se rodaran escenas adicionales una vez concluido el rodaje propagó la teoría de que Pitt no había quedado satisfecho con el trabajo de Forster, el protagonista de Moneyball ha defendido en público la aportación del director: "No se le puede encasillar, y su experiencia y su interés por muchos géneros y clases de películas es algo fuera de lo corriente. Los momentos más memorables de sus películas son íntimos y humanos. Era esa cualidad en contraste con nuestra tremenda y apocalíptica crisis mundial lo que pensamos que produciría un thriller de acción inusualmente auténtico y realista".

Otra aspiración que ha tenido Forster es la de mostrar a los zombis de una manera distinta. "Hay ciertos elementos clásicos que hemos incluido, pero sus movimientos y sus motivaciones van a ser diferentes", avanza. Para dotar de realismo a la acción, el equipo recurrió a asesores científicos que les explicaron cuestiones como "la teoría del enjambre, la forma en la que se mueven juntas las aves, las hormigas o los peces" para generar a partir de ahí el movimiento de los afectados. "Contratamos a diversos asesores que nos hablaron de todo, desde enfermedades infecciosas hasta el comportamiento de las colmenas, pasando por los mecanismos psicológicos de defensa: cómo se protegen las personas y los animales contra un parásito, por ejemplo, y cómo sobreviven. Nos pareció mucho más interesante vincular nuestros zombis a la realidad lo más que pudiéramos, sabiendo perfectamente que no son reales", analiza Gardner.

Para expresar todas esas ideas, se contrató a la coreógrafa Alexandra Reynolds y al especialista en movimientos Ryen Perkins-Gangnes, que interpreta al primer humano al que se ve sucumbir a la epidemia. Éste manejó como referentes vídeos de insectos comiendo o de los perros de la policía, pero tuvo también otra inspiración curiosa, la interpretación de Javier Bardem en No es país para viejos. "Empezamos por intentar averiguar la mentalidad de los zombis, así que pensamos en películas con personajes que no tienen ninguna humanidad. Pensamos que el personaje de Bardem en No es país para viejos daba una sensación interesante. Así que pasamos mucho tiempo intentando recrear lo que se debía sentir siendo él, para que el movimiento saliera desde dentro".

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