Navidad | Teatro Villamarta

El cante poliédrico de Tomasa 'La Macanita'

  • La cantaora jerezana exhibe en ‘Concierto de Navidad’ su capacidad camaleónica para abordar otros universos

  • El ‘Arcángel San Gabriel’, junto a Fernando Soto, lo mejor la noche

Tomasa 'La Macanita', junto a Manuel Valencia, en un momento de la noche. Tomasa 'La Macanita', junto a Manuel Valencia, en un momento de la noche.

Tomasa 'La Macanita', junto a Manuel Valencia, en un momento de la noche. / Manuel Aranda

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Más de dos horas de espectáculo conformaron el 'Concierto de Navidad' de Tomasa Guerrero 'La Macanita', una apuesta en la que pudimos ver a una artista poliédrica, capaz de acometer con la misma fortaleza el cante más tradicional con variantes musicales perfectamente amoldables a sus capacidades.

Tomasa lo dio todo, no se guardó ni un ápice de su fuerza para afrontar un reto complicado y que a nivel personal poco se le puede reprochar. Su garganta es una delicia y sigue enamorando cuando la escuchamos en este tipo de proyectos. Otra cosa es que el espectáculo en sí estuviera carente de ritmo, excesivamente lento, diría yo, falló la estructura, porque elementos, como se demostró a lo largo y ancho de esos 120 minutos, había de sobra. 

Llevar una propuesta a un teatro es algo más que lo meramente musical, conlleva otros detalles, de escenografía o iluminación, por citar algunos, y al igual que se cuidó mucho el vestuario, no se hizo con otros elementos, que de una forma u otra engrandecen cualquier propuesta. 

Empezó con valentía la jerezana. Nada menos que con los Campanilleros, una versión llena de gitanería y que se complementó maravillosamente bien con el arpa de Ana Crisman. Original y perfectamente ejecutada, algo que el público reconoció. La efervescencia inicial pasó a un tema instrumental, un popurrí, orquestado y arreglado con mucha elegancia, pero que colocado ahí (y con algo más de diez minutos de duración) fue como empezar de nuevo. Aún así, Tomasa, con una exquisita 'Balada del Niño Jesús' volvió a allanar el camino.

'Camino de Naranjales' recuperó el talante flamenco. Con la guitarra de Manuel Valencia llevando el peso (sensacional durante toda la noche), y el inseguro coro de voces como respaldo, La Macanita volvió a dejar huella, igual que con la Nana del Arenal, un tema estrenado para la ocasión, y al que también imprimió sello propio.

Pero sin duda alguna, el punto de inflexión de la noche fue cosa de dos, Tomasa y Fernando Soto, Fernando Soto y Tomasa. Ambos levantaron el vello al personal con el 'Arcángel San Gabriel', lleno de naturalidad y emotividad. La irrupción del jerezano, mucho más que un artista invitado en la noche del pasado jueves, resultó todo un acierto, y sus apariciones fueron siempre un golpe ganador para el montaje (quizás se le pudo sacar algo más de partido a Fernando en el villancico en solitario 'Reyes Magos de Jerez', bajo mi punto de vista, poco acorde con su personalidad). El público vibró y no dudó en levantarse y aplaudir en pie con palmas a compás. 

Antes, había sonado con gusto el bandoneón de Melchor Campuzano, añadidura acertada para que una de las grandes joyas de Fernando Terremoto, 'Sirva tu cuna', sonara a gloria con la cuerda, la percusión de Luis de Perkín y el piano de Elena López, pero sobre todo con un Manuel Valencia al que se le vio disfrutar y sentir cada nota.    

La noche avanzó con Rancapino Chico, que recurrió a la Navidad de Camarón para aparecer por Villamarta. Su voz es canela, sus condiciones también, pero el jueves no fue el que nos tiene acostumbrado. Se le vio inseguro y sin esa chispa que posee. Ni siquiera al hacer junto a Tomasa 'Camina la Virgen Pura' estuvo a la altura que suele estar. Cumplió, y poco más. Quizás nos tiene mal acostumbrados. 

En el último tramo encontramos a La Macanita más clásica, primero al ejecutar magistralmente 'la Nana de Jerez' con el piano de Elena López y luego, para recurrir a su repertorio más navideño haciendo el 'Orillo, orillo' que dedicó a Morao y Parrilla. Se destapó Tomasa, cantó, se movió con hechuras y hasta bailó. Excelente. El 'Tin, tin, Catalina' encendió al público nuevamente, para concluir, en un bis, con Los Peregrinitos, una delicia. En ambas ocasiones Fernando Soto ejerció de complemento perfecto. 

 "Por bulerías, como se acaba en Jerez", dijo la cantaora, se acabó la velada, no sin antes amadrinar a la pequeña Esmeralda Rancapino, que dará seguro continuidad a la saga porque tiene talento, y ver la extraordinaria pataíta de Chicharito. Para enmarcar y ponerla en los colegios.    

      

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