Cultura

Murillo 'revive' como agitador social

  • Laura León y José Antonio de Lamadrid 'actualizan' doce lienzos del pintor sevillano en fotografías de gran formato para denunciar tragedias contemporáneas

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Es como si hubieran amanecido los cuadros de Murillo del revés. Como si de pronto hubieran cuajado en ellos trazos inéditos, necesarios para un lenguaje insurgente. Y los pigmentos de los lienzos se hubieran trastocado por arte de magia a la química exacta de la fotografía. Teléfonos móviles, botellas de Dom Perignon y vestidos de Zara rodean a seres testados para la existencia en la dureza del desamparo y del daño. Ni más ni menos que el siglo XVII viajando hasta el XXI a través de una exposición con formato original es la propuesta de Murillo fotógrafo en la Fundación Cajasol.

El juego consiste en sacarle a la imagen barroca el caldo de algo nuevo. Es una travesía por rostros y escenas que pretende traspasar la anécdota para enseñar lo que hay ahora por debajo de la piel del mundo. La fórmula que aquí presentan los fotógrafos Laura León y José Antonio de Lamadrid viene a concretar por una vez a Murillo como un trozo de plaza pública y como un espacio de representación. Son doce escenas de trabajo, de necesidad, de desahucio, de humillación, de dignidad. Un aullido a gran formato que no puede esquivar el peso devorador de las tragedias actuales.

El juego expositivo consiste en sacarle a los lienzos el caldo de algo nuevo: la denuncia

Pero el pintor sólo funciona aquí a modo de palanca estética. En toda su obra no hay rastro alguno de crítica social. Ni siquiera en las escenas populares, cuando representa a pícaros y mendigos, es posible rastrear en él una huella de desagrado con las desigualdades de su tiempo. Por lo general, sus niños siempre están sonriendo, alegres, inmersos en juegos, travesuras o meriendas. De ahí que en este Murillo fotógrafo la huella del artista haya que buscarla en el tratamiento escénico, de luz y de color similar a sus lienzos, tuneados aquí para dar cabida a los dramas contemporáneos.

"Hemos querido dar luz a situaciones sociales que consideramos bastante importantes, representándolas a través de los cuadros de Murillo, con la peculiaridad de que no sólo tenemos un pie de foto, sino que los protagonistas de todos los cuadros han vivido de forma autobiográfica estas historias", afirmó Laura León. "El mensaje de esta exposición es el mismo que el de un documental; cada fotografía explica un mensaje sobre el desahucio, la depresión, las abuelas madre, la violencia machista…", añadió la autora de una muestra que tenía ayer algunos problemas de iluminación.

La denuncia se detiene a veces en fenómenos como el consumismo, la tecnología y la dictadura de la belleza. Otras, aterriza en carne humana. Es el caso de Ana Bella, víctima de malos tratos, representada aquí como María Magdalena. O Álvaro Ramírez, desahuciado por los bancos, quien recrea el lienzo del hijo pródigo. Dolores León, enferma con depresión, es la anciana que Murillo representó llevando entre sus manos una gallina. Y La Inmaculada del Escorial se ha convertido en María del Mar Barrio, una mujer en avanzado estado de gestación tras acudir a un tratamiento de reproducción.

Otra de las piezas vira el lienzo Santa Ana enseñando a leer a la Virgen hacia el importante papel de los abuelos en la educación de sus nietos, donde Hortensia de los Ángeles Gómez, de 64 años, da la lección escolar a una niña. Belén Diánez, católica, y Hassna Akdi, musulmana, sostienen la Giralda al modo de las santas Justa y Rufina, mientras que el joven pintor Diego Ruiz aparece rodeado por una orla de piedra como en el fabuloso autorretrato de Murillo de 1670, que hoy pertenece a la National Gallery de Londres. Sólo que, en esta ocasión, la dedicatoria no recuerda su éxito, sino su precariedad: "Diego Pintor Parado".

La propuesta de León y De Lamadrid culmina con las recreaciones de los óleos Mujeres en la ventana, que da voz al colectivo LGTBI con la presencia en él de las activistas Marcela Zambrano y Mar Cambrollé, y La gitana con el niño, donde Sofía Herrera representa un modelo de mujer moderna, con conciencia de sí misma. Todas las fotografías -de gran formato, superiores por lo general al metro y medio - están acompañadas por un texto informativo que incluye detalles de la fuente de inspiración de la instantánea y de la historia que narra.

Esta exposición Murillo fotógrafo, que podrá visitarse hasta el 22 de abril, es la línea de meta de casi dos años de dedicación, según explicó De Lamadrid. Sobre el método de trabajo, indicó que, en primer lugar, se eligieron los doce lienzos del pintor que se transformarían en fotografías, utilizando "una luz de estudio muy controlada" y cámaras de medio formato "para la calidad que se merece el pintor". Posteriormente, unas ochenta personas -entre pintores, maquilladores, iluminadores, escenógrafos y figurantes- colaboraron para recrear cada uno de los óleos del artista sevillano.

Por su parte, el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, destacó que en esta muestra, que se exhibe precisamente en la Sala Murillo de esta entidad, "la fotografía toma el relevo del lienzo cuatro siglos después para denunciar desigualdades y marginación", manteniendo "la mirada sensible y humana que siempre tuvo Murillo". Con esta exposición, añadió, se quiere "por un lado, reivindicar y redescubrir a uno de nuestros artistas más universales y, por otro, seguir contribuyendo a poner la cultura y el arte más cerca de los ciudadanos".

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