Cultura

Pajas en el ojo propio

Ficha artística y técnica: Teatro de la Abadía. Obra: Días mejores. Autor: Richard Dresser. Dirección y versión: Àlex Rígola. Traducción: Ignacio Gª May. Reparto: Ernesto Arias, Irene Escolar, Lino Ferreira, Ana Otero, Tomas Pozzi, Marc Rodríguez. Escenografía: Max Glaenzel y Estel Cristià. Iluminación: María Doménech. Vestuario: Berta Riera. Día: sábado 8 de agosto. Duración: 1 h. y 50 minutos sin descanso. Lugar: Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca en El Puerto. Aforo: Casi lleno.

Se le queda a uno cara de leño y sin saber que escribir después de asistir incólume a la versión que Álex Rígola hace de Días mejores como pretendida aportación a la comedia contemporánea, manejando como ha manejado una obra aclamada por la crítica internacional.

Lo curioso del asunto es que el propio Dresser se identifica a pleno pulmón con el equívoco auspiciado por el Centro de Artes Escénicas de Reus en concomitancia con Temporada Alta y Teatro de la Abadía.

La contemporaneidad en el teatro quizás sea el estilo más difícil de definir y también el más amplio. En realidad remite a múltiples problemáticas que los sujetos tienen con la sociedad moderna. Los autores no proponen solamente el texto sino una forma ética y estética de llevar adelante el fenómeno teatral.

En este trabajo de Teatro de la Abadía el espectador no sabe a ciencia cierta a qué palo quedarse aunque conozca de primera mano las cartas con las que juegan los actores. Desde un principio nada queda demasiado claro. La propuesta dramática es un tanto confusa y repetitiva confundiéndose continuamente el equilibrio de la pieza con el alboroto.

La historia transcurre en un pequeño pueblo de la América profunda, que bien podría ser de cualquier otra parte, en el que la crisis se ceba con la clase media/baja, un gancho perfecto para rescatar esta obra de nuevo a los escenarios, recuperando un futuro sin esperanza, clásico de la llamada generación perdida.

Phil, Crystal, Arnie, Faye, Bill y Ray sin dinero y casi sin cobijo, tratan de combatir el crudo frío del invierno prendiendo fuego a los muebles, propios o ajenos, se alimentan de los restos de un local de comida rápida y hasta venden sus últimos enseres con el fin supremo de la supervivencia. Entre pajas mentales y fisiológicas, ropa por el suelo, basura amontonada, desorden y caos generalizado, estos seis personajes se ven arrastrados a destruir sus propias vidas para ser capaces de salir adelante.

Poco que objetar al esfuerzo de los actores, con algunas lagunas de dicción ciertamente ininteligibles por parte de Marc Rodríguez (Ray), y sobresaliendo en su trabajo actoral el argentino Tomás Pozzi (Bill), el más creíble de todos junto con Ana Otero (Faye).

Al final de todo lo único que quedó fue la vida real del patio de butacas, que salió del Muñoz Seca con división de opiniones y acordándose de una de las frases de Phil: "Uno vale lo que vale su producto. Y ahora mismo no tienes nada que vender."

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