Cultura

Poemas visuales

MUY buena exposición la que Unicaja presenta en sus espléndidas instalaciones de la calle San Francisco. Una muestra con mucha intención, seria y estructurada en los máximos principios del arte conceptual. Carmen Calvo es una de nuestras más interesantes artistas, participante de ese ramillete de mujeres artistas que, muy por encima de su condición femenina - encuadrar el arte en géneros es de las cosas más absurdas, aunque, todavía, algunos se empeñan en reivindicar-, han llenado los circuitos artísticos del mejor arte español desde el último tercio de la centuria anterior. La artista valenciana, presente en los más significativos catálogos del arte que se viene haciendo en ese segmento temporal en el que nos encontramos, vuelve a situarnos en los parámetros de una formalmente ecléctica que marca las rutas de una realidad a la que se transgrede su sentido ilustrativo para buscar nuevas posiciones que transcriban abiertos postulados significativos. Además, la obra que tan magníficamente se expone en el Centro Cultural gaditano, con todas las magnificencias que nos tienen acostumbrados los servicios de montajes de Unicaja, nos conduce por un entramado conceptual donde lo literario juega un papel fundamental. Un desarrollo plástico organizado desde diversos soportes sirven de organismos sustentantes a un múltiple desenlace conceptual con lo metafórico jugando un intenso papel significativo.

Carmen Calvo bucea en la literatura, en la gran poesía, en los mitos y en la historia del arte para componer poemas visuales que desentrañan una humanidad acertadamente manipulada. La autora, con una mirada totalmente clásica, extrae de la memoria artística el equilibrio, la variedad, el dinamismo, la teatralidad, el concepto de la muerte y el drama. Busca materializar la idea mediante diversas fórmulas que atrapa la mirada del espectador y la lleva hacia una nueva dimensión significativa. Juega con la imagen, la dota de una nueva identidad visual y da pautas sobre un planteamiento conceptual que provoca un intenso compromiso emocional.

Carmen Calvo se vale de la fotografía para componer ese verbo poético donde la plástica metafórica plantea juegos visuales llenos de máxima inquietud; retratos apasionantes que relatan una realidad mediata donde continente y contenido sólo mantienen leves sintonías, pero que, no obstante, abren especialísimas compuertas por donde se manifiestan mínimos estratos de una apariencia sutilmente interpretada.

La obra de Carmen Calvo nos introduce en un espacio interpretativo en el que subyace un imaginario de profundas raíces ideográficas, una estética de profundos contrastes donde los elementos reales confunden sus posiciones y crean nuevos espacios ilustrativos con fondo y forma muy bien acondicionado pero ejerciendo funciones de arbitraria naturaleza.

La exposición de Unicaja supone toda una magnífica excepción en este periodo de mínimos en el que todo se supedita a los efectos determinantes de la crisis con sus contundentes postulados que, a veces, sirve sólo para resguardar lo nulas propuestas culturales. Por eso, hay que disfrutarla en toda la magnitud.

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