Lectores sin remedio

Quince años después

LA pasada semana se celebraron en nuestra ciudad unas Jornadas sobre Asta Regia, patrocinadas por el Ateneo y en homenaje al primer arqueólogo que excavó sobre aquellos terrenos, Manuel Esteve Guerrero. También hace ahora quince años, publicaba un servidor una biografía del personaje que si bien fue el primer intento de rescatar su figura del olvido, me ha dejado con la perspectiva que dan los años un sabor agridulce. Y es que si bien en ella ponía en primer plano los trazos más importantes de su personalidad y de lo que significó su figura para la cultura, la falta de medios y las prisas por sacar aquella publicación hicieron que se quedaran en el tintero o no se pulieran o matizaran asuntos sobre los que hubiera sido muy interesante profundizar. Pecados de juventud. Pero lo cierto es que a día de hoy y con motivo de la oportuna reivindicación que hace el Ateneo de actuaciones sobre el olvidado pero lleno de futuro yacimiento de Asta Regia, y donde hoy se hace patético observar un desvencijado cartel de la Junta de Andalucía advirtiéndonos que estamos en zona arqueológica donde hace setenta años Esteve hiciera con un reducido grupo de obreros las primeras catas, ha vuelto a reivindicarse fugazmente la importancia cultural de su figura. El doctor y prehistoriador de la UCA José Ramos, en el inicio de su intervención en la primera ponencia de las Jornadas, dedicó unas sentidas palabras al profesor Esteve, a su lucha contra la falta de medios y la incomprensión de los dirigentes de la época, que poco o nada hicieron para aportar medios que hicieran progresar los esfuerzos del entonces bibliotecario y arqueólogo Municipal. Muchas veces se ha justificado esa falta de medios de los que se quejaba Esteve en sus cuadernos de campo, y en la documentación administrativa que ha llegado a nosotros, en la propia penuria del periodo histórico que le tocó vivir. Estamos hablando de mediados de los años cuarenta, es decir, en la época aún álgida de la postguerra. Pero el apoyo institucional en otros lugares del territorio peninsular a otros proyectos arqueológicos, nos hacen pensar que algo sigue oculto en torno a la figura de Esteve y que afectó a sus iniciativas en el campo de la arqueología. Estoy convencido de que en los cuadernos de campo de Manuel Esteve se esconden las respuestas a muchas interrogantes que hoy planean sobre este personaje, al igual que en la documentación administrativa que abarca la dilatada época en la que estuvo al frente de la Biblioteca y Museo arqueológico Municipal. De algunas de esas respuestas escarbé su superficie en el libro que les mencionaba al inicio ('Manuel Esteve, medio siglo de cultura jerezana', BUC, 1996), otras intuyo siguen ahí, escondidas en sus textos, esperando que alguien termine por descifrarlas. Ramón Clavijo Provencio

Libros recomendados

Casa de muñecas. El pato salvaje

Henrik Ibsen. Cátedra, 2007.

Hay obras de teatro que llevan muchos años, algunas hasta siglos, paseándose por todos los escenarios de Europa; la excelente acogida que durante todo ese tiempo le han dispensado generaciones y generaciones de público es una prueba, la más definitiva, de la universalidad de los temas que nos plantean. Es el teatro de autor, de los grandes dramaturgos clásicos y actuales. Y entre ellos, sin duda un puesto importante lo ocupa el noruego Henrik Ibsen y su 'Casa de muñecas' y 'El pato salvaje'. Dramas perfectamente tejidos, basados en textos impecables, con una bien cuidada tensión dramática a través del diálogo y el conflicto entre personajes, que tienen como denominador común el desenmascaramiento de una vida sustentada en el engaño, en la hipocresía y el triunfo de una verdad que lleva a los personajes a enfrentarse con su propia mentira. La 'Casa de muñecas', en especial, es una obra de una actualidad sorprendente a pesar del siglo y casi medio que la contempla. J.L.R.

El conde-duque de Olivares

J.H. Elliott. Crítica, 1990.

De vez en cuando no vienen mal algunas meteduras de pata o boutade de los políticos, para recuperar páginas de nuestra historia ya olvidadas para el común. Aunque lo mismo ni son tan boutades ni tampoco tenemos por qué lamentar el olvido. La 'bromita' de Peces Barba sobre Cataluña y Portugal de la pasada semana, nos ha llevado de inmediato a tirar de bibliografía y a recuperar uno de los libros más célebres y celebrados del gran hispanista John H. Elliott: la biografía que dedicó al privado de Felipe IV, el conde-duque de Olivares. 1640 fue el año fatídico en que estalla la guerra de Cataluña y Portugal se declara en rebeldía de la corona de España, secesión que conduciría a su independencia. Dos problemas que fueron minando el crédito político del conde-duque hasta su destierro de la corte a principios de 1643. Las páginas de Elliott se pueden completar con el interesante libro 'Felipe IV y el gobierno de España 1621-1665' de R.A. Stradling. J.L.R.

Los asesinos del emperador

Santiago Posteguillo. Planeta, 2011.

Sin duda, Posteguillo es uno de los fenómenos literarios más interesantes de los últimos años, para los amantes de la novela histórica. Con la publicación en el 2006 de aquel 'Africanus' dio paso a una trilogía centrada en el vencedor de Aníbal, Publio Cornelio Escipion 'el Africano', que ha cautivado y sigue haciéndolo a miles de lectores. He tardado algo en rendirme a los sin duda atractivos de las historias de este autor, y debo reconocer que son este tipo de novelas las que dan credibilidad y arrastran adeptos para el género histórico. Un excelente conocimiento de la historia del mundo clásico, y una ágil y cuidada prosa son los pilares que sustentan historias creíbles que se leen con creciente pasión. Ahora, pero con el sello de Planeta, vuelve a presentarnos otra historia centrada esta vez en los tiempos oscuros del emperador Domiciano. R.C.P.

La ley del silencio

Budd Schulberg. Acantilado, 2011

La magnífica línea editorial de Acantilado reedita ahora esta elogiada novela de Schulberg, que luego Kazán llevaría al cine y que ha dejado para la posteridad la memorable interpretación de Marlon Brando. No sería la única de sus novelas en las que Hollywood se fijaría, pues en la década de los cincuenta también gozó del éxito en la gran pantalla 'Más dura será la caída', esta vez protagonizada por Humphrey Bogart. Pero sin duda 'La ley del silencio' es la gran obra de este autor donde se refleja con toda crudeza, en lo que se ha llegado a llamar el 'realismo negro', las corruptas prácticas del sindicato de estibadores de Nueva York controlado por Johnny Friendly en los años cuarenta del pasado siglo. En ese turbio mundo, uno de sus matones, el boxeador Terry se enamora de Kate, hermana uno de los asesinados por el sindicato por no acatar sus dictados. R.C.P.

Aunque las más antiguas retóricas propugnen como verdades incuestionables que en lo concerniente a géneros literarios éstos no pasan de tres (poética, dramática y épica), la realidad termina por cargarse dogmas y principios y han ido surgiendo, con el correr de los siglos, toda suerte de subgéneros y variantes que pone título o etiqueta a nuevas expresiones o modos literarios que sin duda tienen su público. Uno de éstos a los que me he aficionado después de varias incursiones es la historia del libro o, más amplio, libros que hablan de libros o de lecturas, o de bibliotecas o de escritores. Empecé en su día con la 'Historia del libro' de Svend Dahl y he seguido con otros, algunos de lectura más esforzada como la 'Historia del libro' de Frédéric Barbier, y otros más amenos ('Lecturas y lectores en el Madrid del siglo XIX' de Jesús A. Martínez Martín), hasta llegar a la 'Historia de la lectura' y 'La biblioteca de noche', obras de Alberto Manguel, cuya bibliofilia se deja notar por la pasión y la amenidad de su estilo, virtudes que en estos temas se agradecen especialmente. Y como variante de este 'subgénero"'también me he aficionado a libros en los que sus autores estudian aquellas obras que más les han influido o que consideran maestras de la literatura; y de ahí las 'Diez grandes novelas y sus autores' de W. Somerset Maugham o 'La verdad de las mentiras' de Vargas Llosa. Y me gustan estos libros no sólo porque además de deleitar te enseñan, sino porque te llevan a otros libros, en una especie de cadena, que te va enlazando a la mejor literatura de todos los tiempos. Así, de Vargas Llosa he llegado a 'La señora Dalloway' de Virginia Woolf; de la estremecedora 'Sobre la historia natural de la destrucción' de W.G. Sebald he llegado a la novela de H. Böll 'El ángel callaba'; como en 'La biblioteca de noche' conocí la delicada personalidad de Aby Warburg; como la lectura de 'Tumbas de poetas y pensadores' de Cees Nooteboom me ha traído un poema de Pierre Kemp que he grabado en la cabecera de la cama: "Algunas noches sigo una luz amarilla / hasta una puerta azul en la que se lee: Sueño. / Yo no la abro por mi mano / ni me viene a buscar una mujer / para que entre a comprar sueños. / Y sin embargo siempre he pagado mis sueños / No debo nada a la noche".

José López Romero

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