Pretérito perfecto

Regreso al florido Pensil (y ya van seis)

WARNING: el artículo que van a leer apareció en este Diario el uno de febrero de 2009, el 21 de febrero de 2010, el 20 de marzo de 2011, el 10 de febrero de 2013 y el 8 de marzo de 2015, si bien la fotografía ha sido tomada esta semana. Ahora ustedes pensarán que soy un boliza y que me dedico a repetir mis artículos para no esforzarme demasiado. Lo primero es cierto, pero si vuelvo a publicar este texto no es por ahorrarme el trabajo de escribir una semana, sino para que comprueben que la conservación de nuestro patrimonio es un puro desastre.

Días más tarde de ver la luz este texto (por primera, por segunda, por tercera y por cuarta vez) se retiró la vegetación del primer templo jerezano con una repercusión mediática inusitada  para este tipo de intervenciones. En honor a la verdad, hay que decir que la catedral ya está un poco más despejada de maleza, pero no San Dionisio, de donde he tomado la foto el pasado viernes. A este templo, del que el mejor día cae un coco o el propio Tarzán de los Monos, va dedicado el artículo este año. 

Son las mujeres de babilonia, las más ardientes que el amor crea...

Cuentan que hace mucho, mucho tiempo hubo una reina asiria llamada Semíramis. Dicen las crónicas que era una hembra de tronío, luchadora incansable con ansias de ampliar su imperio. Conquistó Egipto, Libia, Persia, Armenia, Arabia e incluso sus tropas llegaron a las orillas del Indo. Pero no todo iba a ser pelear y andar de aquí para allá entre soldados mugrientos, así que Semíramis construyó cerca del Eúfrates la ciudad más hermosa que nunca había visto nadie (tengan en cuenta que por aquel entonces no existía Jerez) a la que llamaron Babilonia. Famosa por sus torre, donde se instaló la primera escuela de idiomas conocida, y la fogosidad de sus hembras, la belleza de Babel fue cantada por poetas, autores de zarzuela y Boney M.

Tal vez el elemento más famoso de la nueva ciudad fueron sus jardines colgantes, con los que Semíramis quiso sorprender a la humanidad, y vaya si lo consiguió, pues fueron incluidos en la lista de las Siete Maravillas del Mundo. No vayan a pensar que estos jardines colgaban como los bacalaos en los almacenes antiguos, sino que en realidad eran unas terrazas de las que sobresalía la vegetación. Pero hasta aquel entonces nadie había visto cosa igual y a muchos les pareció mágico el efecto de unas plantas que parecían colgar.

Según la leyenda Semíramis nunca murió, subiendo a los cielos transformada en paloma sin que nadie supiese jamás adonde fue. Pero les voy a contar un secreto. Hemos descubierto el fin del trayecto de la reina voladora: plaza del Arroyo, José Luis Díez, plaza de la Asunción, Angostill, a su Templo.

Aunque les cueste creerlo, una vez desaparecidos los míticos jardines colgantes de Babilonia, su espíritu se ha trasladado por los aires y los siglos hasta San Dionisio, y si tienen dudas se pueden dar una vuelta para comprobarlo. Para desesperación del párroco cornisas, arbotantes, gárgolas y azoteas están rebosantes de vida y la vegetación cuelga dando un toque de alegría a los adustos muros catedralicios. Una Nueva Babilonia en el Arroyo para asombro de propios y extraños. Una suerte de reserva natural que bien podría haber servido de inspiración a Conrad para El Corazon de las Tinieblas.

Y este bosque frondoso es uno de nuestros principales escaparates ante los turistas que vienen de lejos en bandadas, mostrando carnes blancas, amarillas o negras, ojos rasgados o grandes ojos azules, sandalias con calcetines, vestimentas estrafalarias y cámaras carísimas. Cargados con sus bolsas de Tío Pepe se detendrán frente al templo, alzarán los ojos y pensarán que han visto muchas catedrales, pero ninguna tan elegante como la de Jerez, que parece diseñada por Hundertwasser. Oír sus conversaciones embelesa. ¿Quién cuida estos jardines? ¿Quién los riega con mimo para que no pierdan su verdor? ¿Son obra del XVIII? ¿Traen ganado a pastar? ¿Esto es lo que se conoce como arquitectura ecológica? ¿Hay animales salvajes en la floresta de San Salvador? ¿Se organizan monterías? ¿No podríamos proponerle algo así al obispo de Okinawa? Lo que oís, que en aqueste vergel cual no hay dos, no hay joyel ni clavel como vos...

Hay quien piensa que esto es una vergüenza para la imagen de la ciudad y como siempre en primavera un equipo de expertos adecentará el templo para Semana Santa y eliminará lo más vistoso de estos jardines. Sin embargo, dejarán las raíces, sin solucionar de manera definitiva el problema, como el que barre y esconde la suciedad bajo la alfombra. De ese modo el año que viene brotará de nuevo el florido pensil. Pero, ¿para qué tanta molestia? Visto el efecto que tiene esta explosión de vida para el turismo y lo difícil de erradicarla, propongo una solución económica que además atraerá a millones de visitantes: dejar crecer la vegetación durante cinco años.

Será la primera iglesia selvática del mundo, un auténtico pelotazo. Los visitantes tendrán que ir provistos de machetes (como aquellos exploradores que descubren ruinas mayas perdidas en Centroamérica) para admirar los tesoros que se guardan en esta iglesia. Por obra y gracia de la Madre naturaleza desaparecerán bóvedas y pilares para dar paso a un bosque frondoso. Tras esas lianas pueden contemplar ustedes al Cristo de las Aguas. En esa pila que está junto al gorila se bautizó Miguel Primo de Rivera. Junto a aquel sacerdote del salacot están las obras más conocidas de Andrés Benítez... Y eso serían las visitas guiadas. ¿Se imaginan vagar solos por las naves,  entre miles de ruidos extraños provocados por monos, insectos y loros, y encontrar el precioso Retablo de San Cayetao  o la Divina Pastora? Una experiencia inolvidable. Quienes vengan sólo hablarán maravillas del monumento y sus voces se harán eco por el planeta entero, de manera que vendrán por millones.

No lo duden, quienes oigan hablar de la única iglesia salvaje del Orbe exclamarán si remedio ¡Ay Baaaa...! ¡Ay Baaaa...! ¡Ay, vámonos allá! 

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