Diario de las artes Relatando la esencia de la vida

El artista linense Pepe Cano. El artista linense Pepe Cano.

El artista linense Pepe Cano.

Pepe Cano. Museo Cruz Herrera. La Línea

Uno de los pintores más conocidos y de más larga trayectoria de los que actúan en el Campo de Gibraltar es Pepe Cano, artista que, desde un principio, nos ha deleitado con una pintura personal e intransferible que hace festiva una sociedad cercana de la que él ha destacado muchos de sus perfiles, de sus maneras, de sus actuaciones, de sus, a veces surrealistas, acciones que, dentro de su aplastante sencillez, formalizan la ilustración de un entorno inmediato y de una sociedad con muchos dignos matices.

El pintor linense, pieza importante en ese desarrollo artístico que, desde finales de los ochenta, tuvo lugar en la zona campogribaltareña, cuando el gran Manolo Alés ejercía de maestro dinamizador de un arte que, desde allí, se hizo grande. Pepe Cano formó parte de aquella pléyade de buenos creadores que impulsaron la plástica de una zona que, en lo que respecta a lo artístico, fue pura referencia y modelo a seguir. Junto a los Sylvain Marc, Jaime Pérez Ramos, Pepe Barroso, José Antonio Pérez de Vargas, Evaristo Bellotti, Pepe Guerra, Antonio Rojas, Manolo Cano, Juan Gómez Macías, Javier Velasco, Luis Maraia, Alberto Ceballos, entre otros, Pepe Cano vivió los momentos más esclarecedores e iniciáticos de la contemporaneidad artística de aquella zona privilegiada.

Pepe Cano ha sido un pintor de fidelidades. Desde siempre su organigrama compositivo estuvo muy claro. Desentrañaba los registros de una realidad a la que dotaba de entidad propia, a la que concedía un estamento formal de mínimos representativos para alcanzar máximos expresivos y determinante significación. Poco a poco, la pintura de Pepe Cano fue desprendiéndose de algunos de sus factores ilustrativos y aumentando esa aparente economía de medios que le lleva a agrandar el sentido de la realidad representada. Sus modelos ejemplarizan unos modos iconográficos que se repiten: rostros inexpresivos, elegantes calvas, bocas jugosas y grandes ojos que miran con ternura pero que dejan entrever una cierta tristeza. Estas formas únicas de Pepe Cano son el trasunto de una humanidad a la que él rescata de las sombrías y poco apasionantes historias que lo real acusa. Son personajes sencillos, bastante pasotas, ven la vida transcurrir sin importarles un pepino y sólo muestran lo más absurdo de esa sociedad a la que ven desde lejos. A ellos acude el artista para que patenticen las tontas maneras que aquella posibilita.

En esta exposición nos volvemos a encontrar con la particularísima iconografía de un pintor que ha permanecido fiel a su ideario creativo, con una evolución minuciosa y acertada, siempre buscando que sus formas se adapten a esa síntesis que tanto caracteriza su pintura. De nuevo nos encontramos con unas felicísimas obras, que dan frescura a una pintura habitualmente bastante encorsetada y elitista. Pepe Cano es un relator mágico de historias sencillas protagonizadas por gente sin reveses, claros y mirando a la vida directamente; sus personajes, a fuerza de reales, plantean los registros más surreales de esa sociedad a la que representan.

Otra vez nos encontramos con la pintura de un artista distinto, que saca del entorno sus más jocosas formulaciones, esas que te hacen sonreír, aun, cuando descubren episodios a contracorriente.

Pepe Cano vuelve a exponer en sus espacios naturales, aquellos a los que el más grande impulsó para bien del arte que tanto amaba.

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