La otra mirada

Soníos negros

  • El flamenco por Javier Cala, en la Torre del Agua.

 LA llegada de Javier Cala (Jerez, 1950) a la fotografía fue por curiosidad, sí por curiosidad, cuando de niño abrió el fuelle de la cámara de su padre para descubrir el misterio que había dentro. Supongo que el padre, una vez aplacado el enojo, consideró dicha curiosidad como una cualidad, y no dejaría de fomentársela durante sus años de infancia y juventud.

Con los primeros ahorros compra en Fiallo una Yashica de 6x6 y una ampliadora de segunda mano que parecía más bien una cafetera. La curiosidad de nuestro fotógrafo tomaba cuerpo a partir de ese momento. Y durante todas estas décadas la cámara ha sido el instrumento para materializar muchas de las curiosidades integrantes de los mundos que rodean a Javier Cala.

Y uno de esos mundos que han atraído su curiosidad desde hace décadas es el mundo del flamenco. De siempre ese misterio que encierra el flamenco le llamaba a adentrarse en él, a pesar de ser un arte entonces denostado y apenas trabajado por los fotógrafos. Sería otro compañero de la Agrupación Fotográfica San Dionisio, Miguel Quirós, quien le advirtiera de las dificultades que el tema encierra a la vez que alentara ese deseo de descubrirlo.

Fue entonces, hace más de una década, cuando Javier Cala se acerca definitivamente al flamenco, como él mismo dice con la mente abierta, con respeto y sin perjuicios. Y comienza a descubrir un mundo sorprendente, el fragmento de una cultura que forma parte de nuestras raíces, que viene de nuestros ancestros y que ha estado presente en nuestras vidas casi sin recaer en ello.

Javier se pone a investigar, hace cursos, intenta aprender a tocar la guitarra aunque sin éxito, por suerte para la fotografía y, poco a poco, se va inmersionando en ese mundo de sonidos tan peculiares. Sonidos de una gran gama cromática pero que el autor los percibe en negro, color del lamento, del quejío, de la desesperación... pero también de la liberación, de la realidad, de la manifestación del sentir de un pueblo y de las personas especiales que lo forman. Gentes con sentido del arte, con personalidad, con duende, con fuerza, con luces y sombras, con embrujo, gente de contrastes, como queda reflejado en el trabajo fotográfico de Cala... Soníos negros.

El universo que compone este elaborado catálogo, a mitad de camino entre lo antropológico y lo vivencial, entre lo documental y lo artístico, se nutre de personajes, escenas, ambientes, gestos, atmósferas, elementos y detalles que constituyen tan solo una pequeña muestra de todo cuanto el autor ha investigado y ha disfrutado del flamenco.

Esta exposición, que puede verse en la Torre del Agua hasta el próximo día 8 de enero, es el fruto de más de diez años en los que Javier Cala se ha ido impregnando de la pasión con la que el flamenco atrapa. Y su otra pasión artística, la fotografía, se convierte en vehículo para reflejarla, captando todos esos matices cromáticos que el flamenco ofrece, pero convertidos en un magnífico blanco y negro, como los “soníos” que las fotos intentan capturar.

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