Jorge Molina. Periodista y escritor

"Tono Valverde ha sido el gran héroe de la historia del Parque Nacional"

  • 'Todo era nuevo y salvaje' recrea cómo el Bajo Guadalquivir se transformó en el mayor arrozal de Europa y en la reserva natural de Doñana · "Durante dos generaciones, el profundo sur sobrevivió, no vivió"

Jorge Molina (Cumbres Mayores, 1964) vivió diez años en Puebla del Río, donde se unen el Aljarafe, Doñana y el arrozal. "Pasa el tiempo -comenta- y te das cuenta de que eres lo que viviste, pero también donde lo viviste. Y creo sinceramente que la historia de esta comarca es fabulosa". Por eso decidió convertir a Doñana y sus gentes, anónimas y no tanto, en los protagonistas de Todo era nuevo y salvaje, la novela periodística que ha publicado con la Fundación Lara.

-Todo era nuevo y salvaje. Y miserable. Los arrozales de Doñana registraban 5.000 casos de paludismo al año en la posguerra.

-El profundo sur, el bajo Guadalquivir, estuvo protegido durante siglos por dos elementos: el mosquito del paludismo -que hoy tiene un monumento en la marisma sevillana por haber sido, como dijo Valverde, el cancerbero de Doñana- y la propiedad ultralatifundista, con fincas de decenas de miles de hectáreas, que impidió afincarse a los temporeros.

-Recrea una realidad de horror persistente. Aun a principios de los cincuenta, la mortandad infantil se situaba en un tercio de los niños menores de cinco años.

-Una época durísima, en la que no había horizontes más que para unos pocos, donde los hospitales estaban más lejos en pesetas que en kilómetros. En la misma tierra habitaban señores y braceros, con sus dos vidas radicalmente diferentes. Los dueños de la comarca, afincados en Sevilla, Huelva o Cádiz, formaban una élite con peones y asistentas a precio de coste.

-Apunta que nunca hubo un entendimiento entre las dos comunidades que trabajaban en la zona, entre andaluces y valencianos. La miseria no hace amigos.

-A los valencianos los trajo hacia 1950 el dueño de toda la marisma sevillana, Rafael Beca, para que plantaran arroz. Llegaron con sus costumbres, con su Virgen de Sales, con su propia lengua, sin querer casarse con los andaluces. Pero la clave es que a ellos sí les venden tierra para cultivar, no como a los de aquí. Beca lo tenía claro: aún siendo él sevillano confiaba más en los valencianos, y no lo ocultó. Pronto unos escaparon de la miseria, y otros fueron a la zaga.

-Uno de los manjares entre los valencianos eran las ratas. Y las anguilas.

-A los valencianos los apodan 'comerratas', pues con las ratas de campo acompañaban el arroz, cazándolas echando agua en sus madrigueras. En la Albufera no podían ni comerlas, porque se vendían demasiado caras. Ellos se sorprendían mucho de que los andaluces, a pesar del hambre, rechazaran las anguilas, por ejemplo.

-Quizá lo más asombroso de este libro sea el hecho de que está elaborado a partir de testimonios auténticos.

-Casi no hay personajes, ni hechos, que no sean reales en esta especie de novela-reportaje ceñida escrupulosamente a la historia vivida entre 1940 y 1970. Y, sí, incluso muchos diálogos corresponden a la realidad, extraídos de declaraciones de periódicos, de libros de la época o posteriores, y de entrevistas que he realizado a los protagonistas vivos.

-Entre las imágenes más inusuales que registra está la de los camellos...

-A principios del siglo XIX se propagó la corriente ilustrada de buscar aprovechamiento a fauna y flora. En 1830 llegan desde Canarias estos animales para ayudar al acarreo, pero son descartados porque los caballos huían aterrados. Un siglo después los arroceros los capturan e intentan usarlos de nuevo, pero con idéntico final. Todavía en 1959 Alvaro Domecq afirma que quedan algunos. Los furtivos a veces mataban alguno y lo vendían como venado a algún incauto.

-Uno de los ingenieros extranjeros que aparecen (Patry) llega a la conclusión de que España es un país que desperdicia gente desde hace siglos.

-Guillermo Patry, un ingeniero suizo, junto al alemán Emile Plate, llega en los años 20 con la compañía inglesa que hace el primer intento de cultivar arroz en la zona, pues se parece al delta del Nilo. Ellos vivieron pie a tierra, en hatos abandonados, y conocieron bien el país. Veían cómo se trataba a la gente, cómo la guerra embruteció, y la posguerra más. Veían que no levantaba cabeza el país. Y cómo un par de generaciones de andaluces del profundo Guadalquivir sobrevivió, no vivió.

-El gran protagonista de la historia es José Antonio Valverde. Podría ilustrar él solito un tratado sobre la resiliencia.

-Tono Valverde es el gran héroe. Un vallisoletano desahuciado del sanatorio tuberculoso porque su muerte estaba pronta. Sin dinero en una familia venida a menos. Sin estudios. Pero que lucha por lo que ama. Un día de 1952 conoce Doñana, y ya no tiene otro objetivo que estudiarla y preservarla. Conoce al jerezano Mauricio González Gordon, luego al millonario suizo Luc Hoffmann, y entre ellos reúnen por Europa a pioneros e intelectuales que logran que el coto de caza no se convierta en eucaliptal y centro de turismo de playa, sino en un parque nacional. Asombroso. Tanto que fue él quien logró que naciera WWF, y junto a Félix Rodríguez de la Fuente convence al príncipe Juan Carlos de la idoneidad de presidir la filial española, Adena.

-¿Qué coyuntura se dio para que las tornas terminaran favoreciendo al 'hombre de los pajaritos'?

-Su fe en sí mismo y en su objetivo. Su don de gentes para tratar a terratenientes que terminaron vendiéndole suelo -Gordon, Carrizosa, Noguera-. Su capacidad de trabajo, tanto como científico de altura como para negociar tratos económicos. Y la certera intuición de que debía internacionalizar a Doñana para protegerla. Y en esto se incluye el divulgarla a través de medios de comunicación europeos. Hasta el Times y la BBC hablaban en los 60 del "problema de Doñana". No es raro que hoy siga siendo tan mediática, ya nació así...

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios