Cultura

Vías de cambio y transformación

A Pablo Fernández Pujol lo hemos visto quemando muchas facetas artísticas. En todas ellas ha desarrollado una impronta llena de sentido creativo y dejando bien a las claras que es un artista importante sin género de dudas. Su evolución ha sido de lo más interesante. No ha cambiado de registro artístico sin ton ni son, ni se ha adscrito a los postulados de las modas imperantes. Ha tocado muchos palos y todos con criterio, con determinante resolución plástica y estética y desarrollando un muy bien estructurado sistema interpretativo con fondo y forma ejerciendo sus especialísimas capacidades.

Desde hace un tiempo, el artista gaditano se haya inmerso en un proyecto por el cual se asume una nueva realidad creativa en las que las nuevas tecnologías juegan un papel importante. Lo mismo que, anteriormente, el dibujo o la pintura eran vías para hacer posible un desenlace artístico, es ahora la videoanimación la que ejerce una potestad creativa a la manera de ideal soporte que yuxtapone el propio dibujo, la escultura y la instalación para conformar una nueva realidad que nos acerca a una especie de cuadros en movimiento

No es la obra de Pablo Fernández Pujol un objetivo por el cual una entidad deja de serlo para adoptar una nueva posición. Su obra tiene sentido por el simple hecho de ilustrar el acto creativo en sí mismo. Su realidad artística es la representación absoluta de un proceso. El artista manipula la realidad, deja que esta fluya en sus distintas manifestaciones y patrocina distintos momentos hasta crear un nuevo y definitivo sentido representativo.

La exposición de la galería portuense engloba distintas partes de ese proyecto -el artista le ha llamado con el título tan sugestivo y esclarecedor como Metamorfases-. Desde distintos estamentos artísticos, Pablo Fernández Pujol nos ofrece diversos momentos de la ejecución de un acto que comienza y se transforma en una nueva realidad. Existe una absoluta necesidad de cambio; la idea de mutación, de transformación; en definitiva, de proceso, asume su máximo sentido y marca distintos momentos hasta llegar a un complejo representativo donde el concepto de hibridación ejerce una máxima función. El hombre-pájaro, el hombre-gallo, el hombre -cabra…, distintos momentos de un misma idea, llevada a cabo de maneras diversas, pero con la misma intensidad creativa, desencadenan contundentes situaciones plásticas y conceptuales hasta conformar un ente creativo lleno de inquietud emocional y rigor plástico.

De nuevo Pablo Fernández Pujol no hace partícipes de un esclarecedor trabajo donde la realidad es condicionada desde su propio proceso; un proceso que manifiesta infinitos recursos ilustrativos en los que lo de menos es el resultado - en su obra lleno de trascendencia artística - y cuyo objetivo primordial es el concepto absoluto de cambio o transformación.

Pablo Fernández Pujol es un artista en quien siempre hemos confiado y en el que en todo momento nos ha ofrecido los modos y los medios más interesantes de un arte en abierta expansión.

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