Cultura

Zarandeando el festival

  • La compañía de Teatro Inestable de Andalucía la Baja, La Zaranda, recibió ayer el Premio Atahualpa del Cioppo de manos de la viuda del director uruguayo

El Ayuntamiento era una feria. Mientras que Mariluz y Juan José (nombres ficticios, claro) recibían la bendición del civil matrimonio en el Salón de Plenos del Consistorio gaditano, organización, prensa y participantes del Festival Iberoamericano de Teatro esperaban, entre risas, besos y enhorabuenas, a que la feliz pareja se diera el sí quiero para pasar al escenario de la que sería la entrega del Premio Atahualpa del Cioppo. Paco, Eusebio y compañía cruzaban apretones de manos con los fiteros ante la mirada atenta de algunos invitados a la boda que decían por bajini (¿qué vienen de parte del novio o de la novia?). Los miembros de la Zaranda, los verdaderos protagonistas de la mañana de ayer (con perdón de Mariluz, Juan José y cuatro parejas más que se comprometieron este viernes en el Ayuntamiento) no parecían incómodos. Es más, reían. La compañía de Teatro Inestable de Andalucía la Baja recibía el noveno galardón que lleva el nombre del desaparecido director teatral uruguayo. Caía el mediodía en un Ayuntamiento que parecía la iglesia del Carmen. Y alguien soltó con guasa: "Qué pedazo de performance han preparado los de la Zaranda".

Tras el revuelo inicial de tacones y volantes blancos, el terreno quedó despejado para el solemne acto de entrega del reconocimiento. Los cinco miembros de la compañía jerezana, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz, Antonio Castillo, la viuda de Atahualpa del Cioppo, Yolanda del Cioppo, y la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, presidieron el espacio atestado de familiares y amigos de los dramaturgos y del Festival de Teatro.

La regente de la ciudad fue quien inauguró el acontecimiento destacando que "este premio es de La Zaranda por méritos propios, por su capacidad creativa, por su esfuerzo, su compromiso y por todo lo que nos darán en los próximos años". Martínez se mantuvo escueta y breve ya que tres expertos y amigos, de un lado y otro del Océano, de la compañía homenajeada engarzaron tres discursos en los que definieron el espíritu, la dedicación y las características de unos teatreros que, a pesar de autodenominarse inestables, llevan más de un cuarto de siglo sobre las tablas.

Bien lo sabe la periodista de El País, Rosana Torres, que demostró su amplio conocimiento sobre la formación con una brillante y divertida disertación en la que dejó claro lo que no es La Zaranda. "Me da pánico hablar de La Zaranda porque creo que es el único grupo que conozco con el que todos nos hemos estrellado al intentar definirlos", se dejó vencer la crítica.

De una manera cercana y natural, Torres recordó como "hará dos o veinte años" que se encontró a Paco Sánchez (Paco de La Zaranda) en Madrid. "Estaba algo arrumbado porque estaba saliendo de una gripe y al final aceptó a venir conmigo a tomar un vermú. Tomamos unas birras y pedimos jamón. Entonces, Paco tomó el jamón, lo miró, y dijo "cuando un pobre come jamón es que uno de los dos está malo", recordó. Esta instantánea almacenada en la memoria de la periodista apareció clara como el agua ayer. "Me acordé de esta anécdota porque algo así pasa cuando alguien va a ver un espectáculo de la Zaranda. Y es que, uno de los dos, espectador o compañía, sale zarandeado", reflexionó.

Torres, que sólo se atrevió a comparar al grupo con los agujeros negros -"oquedades tenebrosas, profundas y oscuras pero que de ellas sale la energía y la luz", dijo- rechazó las concomitancias beckettianas, el áurea de Genet, la influencia de Grotowski o incluso las maneras surrealistas con los que algunos críticos han tratado de explicar el espíritu de los zarandos.

Desde el continente hermano, el uruguayo Alfredo Goldstein (autor teatral) y el colombiano Wilson Escobar (crítico de teatro) exaltaron el trabajo del grupo en Iberoamérica fruto de una relación que comenzó hace más de 20 años. "Cómicos de la legua y de la lengua", "antiacademicistas", "portadores del espíritu andaluz", "lejanos a las modas", "lamento de la vida profunda", "teatro que sustrae la realidad humana en sus límites", "que rehuye de la gloria pasajera"...

Toda una letanía de interminables, y justos, halagos y descripciones fueron hilando un homenaje que terminó con la entrega del premio y la lluvia de aplausos. Paco Sánchez tomó la palabra: "Como veis he perdido los papeles... Si es que alguna vez los tuve", aclaró entrecortado, con lentitud, para, después, explicar que no merecían el reconocimiento porque cumplen con su obligación. "Cada uno de nosotros recibió en su momento una llamada y por eso nos dedicamos al teatro, porque fuimos obedientes a esa llamada", adujo el actor que concluyó expresando su "gratitud" a toda la gente que es Zaranda "que son muchos porque nosotros no tenemos público tenemos comulgantes".

Entrecortado, con lentitud, finalizó: "Yo... creo... que... ¡Papeles para todo el mundo! ¡Os quiero!". Y, me parece, que esa fue su gran verdad.

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