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Cuando el argoma amarillea

 

QUIENES leen esta página musical asiduamente verán que hacemos presentaciones no necesariamente actuales. La pasada semana rescatamos un trabajo del 2008 y en ésta uno del 2001. La regularidad a las que nos tenían acostumbrado las editoras se ha ido diluyendo, las compañías cada vez son más reacias a nuevos ‘productos’ si no tienen el éxito garantizado para que cubran sus expectativas comerciales, ello ha provocado una caída en picado de nuevas propuestas bibliográficas o discográficas a lo largo de estos últimos años ese desinterés por parte de la industria ha llegado a poner de manifiesto  que se haya esclerotizado. Unas recientes declaraciones del guitarrista jerezano Gerardo Núñez a este medio incidían en  el estado en que ésta se hallaba “muerta y que ya no valía”. 

Una de las alternativas a las que se están acogiendo muchos intérpretes e investigadores de las músicas populares es el micromecenazgo, de esta manera nos encontramos con un ‘producto’ menos condicionado, sin trabas comerciales y con redes de distribución, si cabe,  más básicas y  lentas. Por tanto, cuando un trabajo llega a nuestras manos viene precedido por un amigo común o un encuentro fortuito en un evento, de ahí que lleguen a mediar unos cuantos años desde que vio la luz. 

Este trabajo que se asoma a nuestra página cuenta en su haber doce años, una atenta escucha revela que pueden pasar muchos lustros y mantener la frescura del primer día porque es una propuesta  de reelaboración  lírico-musical de origen popular vasca que apenas se aleja de los referentes que le sustentan.

Arditurri es una zona perteneciente al valle de Oiartzun donde los romanos hace veinte siglos lograron sacar de las entrañas de estas montañas plata y plomo, desde entonces la vida de los habitantes de estas tierras se han ido armonizando en torno a la mina, allí donde los  valles  amarillean en el estío con la argoma, dos mil años de historias cuajadas en el verdor de las piedras y de los troncos de sus árboles.

Juan Mari Beltrán nos regala un viaje en catorce estaciones que recorre las tierras del País Vasco: ritmos de siete, porrusalda, arin arin, bailes y danzas peculiares de áreas concretas, jotas y fandangos forman parte de esta interesante muestra, sin menoscabo de algunas  composiciones que nacieron al amparo de este  original registro, obras que se articulan  sobre aires populares alumbradas al calor del estudio de grabación y de la buena sintonía de los músicos que participaron, entre ellos, Joseba Tapia y Joxan Goikoetxea. 

Pero este disco es andariego  y entre paso y paso, entre parada y parada enrama el camino con el color propio de instrumentos que perviven en la tradición de estas tierras del norte peninsular. Conviven, hablan y se escuchan,  la antigua alboka, el rabel, la txanbela y la xirula, el pandero y el ttun-ttun, y hasta aquellos instrumentos que forman parte del entorno laboral y festivo  la vez, la txalaparta.

Juan Mari es  músico que se esmera, ese cariño queda impreso en todas sus obras y por ello no  deberíamos tomar esta grabación como un mero proyecto discográfico, es ante todo y, sobre todo, una muestra del profundo respeto que tiene a su cultura donde tradición e innovación se despojan de lo accesorio y dialogan sin perturbaciones.

Manuel Naranjo Loreto

Juan Mari Beltrán   “ Arditurri”. Gogoaren bidezidorretatik. Elkar KD-614

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