Cultura

Si bebes, no vueles

Drama, EEUU, 2012, 139 min. Dirección: Robert Zemeckis. Guión: John Gatins. Intérpretes: Denzel Washington, Don Cheadle, Kelly Reilly, John Goodman, Bruce Greenwood, Melissa Leo. Fotografía: Don Burgess. Música: Alan Silvestri. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, San Fernando Plaza, Victoria, Al Andalus, Yelmo, Ábaco Jerez, Cinesa Los Barrios.

Con Regreso al futuro (1985), ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), Forrest Gump (1994) y Polar Express (2004) Robert Zemeckis cambió narrativa y/o técnicamente la historia del cine popular. De pocos realizadores puede decirse esto. Sin embargo con la crítica no ha tenido suerte. Se le suele infravalorar. Salvo en el caso de Forrest Gump, aunque con división de opiniones pese a tratarse de una de las películas más representativas de los 90 y haber logrado eso tan difícil que es crear un personaje universal.

La película empieza mal. El despertar de un personaje condenado desde el principio de acuerdo con los actuales códigos (güisqui y colillas en su mesita de noche, cigarrillo en la boca antes de levantarse) y un tratamiento de falso realismo (su despelotada acompañante tiene la molesta costumbre de no cerrar la puerta del cuarto de baño al ir a orinar). Molesto. No contento con beber y fumar, le pega a la cocaína que está sobre su explosiva mesita de noche. Y para colmo es un mal padre que discute con su ex mujer por teléfono. Todo en un minuto. ¡Vaya despertar! Este tipo tan poco de fiar resulta ser un piloto de avión. A ver qué pasa. Inmediatamente nos trasladamos al universo de una drogadicta que acude a un rodaje porno para conseguir droga. ¿De qué va esto? ¿Aerotrainspotting?

No: la cosa mejora cuando el avión despega durante una terrible tormenta. La película despega con él. Zemeckis nos regala unos 20 minutos de terrorífico accidente aéreo. Para quienes nos alojaríamos en el motel de Norman Bates disfrazados de Marion Crane antes que subirnos a un avión, la estupenda secuencia es una experiencia horrorosa. Para el público volador, apabullante. El piloto, por su espectacular conducción atenuando las consecuencias del accidente, se convierte en el héroe del día. Hasta que los análisis demuestran que estaba bebido y drogado cuando realizó la proeza. En un instante el héroe es el villano. Y el hombre que quiere rehacer su vida se enfrenta a un juicio.

La película da aquí un buen giro y durante los restantes 90 minutos se convierte en un excelente film ético-judicial que descansa casi por entero sobre los hombros de un Denzel Washington en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Si suman a un Zemeckis de buena sobriedad narrativa, muy buenos secundarios y una elegante banda sonora para piano solo de Alan Silvestri, el resultado es una digna y muy entretenida película de conflictos éticos y judiciales, uno de los géneros más firmes y antiguos del cine dramático. Único reproche: el grotesco y orondo personaje que parece un relaciones públicas de los cárteles de la droga.

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