Cultura

Para calmar los males y potenciar el espíritu

Ya hemos escrito en numerosas ocasiones que la apuesta de la empresa privada por lo artístico tiene una importancia capital en estos momentos donde todo está supeditado a los desapasionados desajustes de esta crisis en la que nos han metido y de la que no son capaces, no pueden o no quieren sacarnos. Aquellas empresas que lo están haciendo no sólo contribuyen a que la creación tenga un cauce adecuado por donde los autores sacar su trabajo, sino también, el medio idóneo para que el arte contemporáneo no vea restringido su proceso de avance y la plástica quede anclada en posiciones poco esclarecedoras.

DKV Seguros lo tiene claro: está conformando una colección de arte contemporáneo de indudable trascendencia y, además, la tienen puesta al servicio de los demás con el objetivo de que los enfermos que asistan al hospital de Denia gocen de las mismas y les sirvan de ideal apoyo espiritual en los duros procesos de curación. La fría realidad de los paredes hospitalarias se llenan se especialísimo sentido museográfico con unas piezas donde el arte contemporáneo, en su más amplio sentido estético y plástico, están presentes a la búsqueda de una hipotética terapia visual y reparadora.

La colección DKV, importante en cantidad y mucho más en calidad, se presenta en los Claustros del palacio provincial con una parte de sus fondos, dejándonos la impronta de que estamos ante una colección realizada con rigor y con los suficientes argumentos artísticos para creer en ella. Nombres que empiezan en los años noventa de la anterior centuria y que, poco a poco, van conquistando un segmento lleno de artisticidad y emparentado con lo más selecto de la creación contemporánea. Artistas de la categoría de Carolina Ferrer - ¡cuánto nos acordamos del gran Manolo Alés cuando nos referimos a la gran artista valenciana! -, Nico Munera, Pamen Pereira, Ximo Amigó, Joel Mestre, Raúl Belinchón, Bleda y Rosa, Chema López, Roberto Mollá… entre otros muchos, con dos importantes autores nacidos en nuestra provincia y que son, cada uno en su dimensión, dos de los referentes del mejor arte al que se considera prototipo de lo contemporáneo. Javier Velasco y Javier Palacios. Y como centro de interés de la exposición y manifestación absoluta de lo que puede representar una colección tan significativa como esta, vamos a incidir en la obra de estos dos artistas. En primer lugar, los dos responden a ese parámetro de artistas emergentes a los que se debe acudir cuando se empieza a conformar una colección de vocación de futuro. El linense Javier Velasco fue uno de los artistas que en los años noventa más entusiasmo levantó con una obra singular, llena de carácter y salida de una posición tremendamente comprometida. Entusiasmo que no ha hecho si no agrandarse con el discurrir de los tiempos y que, hoy en día, es un valor auténticamente seguro. Su instalación "Paraíso perdido" es una compilación de su trabajo a lo largo de los últimos años y donde su puesta en escena y su concepto identifican un ideario estético personal e intransferible. Por su parte, el jovencísimo Javier Palacios nos adentra también en los postulados de un artista nuevo con clara y segura proyección. El pintor jerezano fue ganador de la Beca Grand Tour que patrocina DKV Seguros y es el autor de una pintura que trasciende con la inmensa importancia de un arte que se sabe vivo y eterno. Su obra resuelta con los grandes atributos de la pintura de siempre, amplifica los horizontes de una figuración excelsa, espléndidamente llevada a cabo y que abre las perspectivas de una significación valiente, extrema y extraordinariamente llevada a cabo.

Javier Velasco y Javier Palacios resumen los esclarecedores planteamientos de una colección de arte confeccionada, de principio a fin, con acierto, entidad y portadora de los valores que se presumen en el arte más inmediato. Y, además, realizada para que el pueblo y, sobre todos, los que más lo necesitan, puedan gozar de ella y encontrar en sus abiertos postulados esquemas que sirvan para fortalecer el espíritu y atemperar los males del cuerpo.

Muy acertada la decisión de Eduardo Rodríguez al traer a los claustros expositivos de la Diputación Provincial una colección importante de arte contemporáneo, a la vez que un proyecto clarificador para goce y disfrute de todos. ¡Ya me gustaría a mí que cuando me pusiera malo me atendieran rodeado de obras importantes y no de ese cartelito de una enfermera con el dedo índice en la boca pidiendo silencio que encontramos en los hospitales al uso!

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