Diario de las Artes

Los argumentos de una plástica abstracta total

Obra de Juan Suárez. Obra de Juan Suárez.

Obra de Juan Suárez.

JUAN SUÁREZ CAAC SEVILLA

La historia de la renovación artística sevillana es tan apasionante como duro fueron sus desarrollos. Con una ciudad anclada en los resabios de un pasado al que se consideraba eterno, con una oficialidad artística velando, con determinación, para que no se diera un paso fuera de lo que se creía único y verdadero e, incluso, con una Escuela Superior de Bellas Artes produciendo artistas con pocas inclinaciones hacia una producción distinta, era bastante difícil encontrarse situaciones proclives a dar el definitivo paso adelante que asumiera una realidad distinta. Se tardó mucho en encontrar los caminos adecuados para que la tan ansiada Modernidad fuera un hecho o, al menos, para que se produjeran movimientos de ruptura con lo tradicional. Entre los primeros nombre e instituciones hay que citar a Enrique Roldán con su galería La Pasarela, a aquel Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla de tan rocambolescos inicios - el verdadero factor del mismo fue el recordado Paco Molina -, al Centro M-11 que pusieron en marcha Quico Rivas y Juan Manuel Bonet, los primeros pasos de la galería Juana de Aizpuru y, por supuesto, la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, en donde algunos de sus miembros se decantaron por un arte hacia delante, alejado de lo que era habitual en la ciudad. Precisamente de la misma sale Juan Suárez, uno de los primeros artistas que abrazó un nuevo credo artístico ajeno a los planteamientos recalcitrantes de una inmensa mayoría anclada en los resabios de la tradición.

Juan Suárez (El Puerto de Santa María, 1946) presenta esta gran retrospectiva en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Se trata una muestra merecida y esperada. El artista es, sin duda, uno de los artífices de esa Modernidad en la plástica sevillana. Formado en la Escuela de Arquitectura de la capital hispalense, compartió aulas con José Ramón Sierra y Gerardo Delgado, los otros dos arquitectos pintores que se decantaron en los años setenta por una abstracción que, en la Sevilla del momento, era poco menos que pecado de lesa humanidad. Ellos armaron nuevos proyectos artísticos que serían de capital importancia para el futuro artístico de la ciudad.

La exposición nos sitúa en los proyectos pictóricos de un artista con las ideas muy claras sobre la pintura. Ha sido un artista de pureza, de sabios planteamientos pictóricos donde la ausencia de figuración se suple con un dominio del color que crea un estamento expresivo lleno de energía y emoción plástica.

En la obra de Juan Suárez el mejor expresionismo abstracto se hace presente, conformando unos campos de color que se regulan por estancias geométricas donde la evocación, la poética, la simbología cromática y la pura esencia de lo formal juegan un papel importante. La muestra nos conduce por ese espacio creativo amplio de un artista que ha mantenido y personalizado muchos de los planteamientos formales de la abstracción.

En este amplio recorrido se presenta el contundente concepto plástico de Juan Suárez: una pintura que rinde homenaje al apasionante simbolismo del color, a la plástica conformante, a la pureza de la estructura plástica, al reduccionismo geométrico, a la utilización de los materiales industriales, a un minimalismo conceptual que abre las perspectivas semánticas desde los esenciales parámetros del color.

En toda la zona del claustrón, allí donde se conserva el espíritu del viejo reciente monacal y del espacio fabril de la antigua fábrica de loza sevillana, se van sucediendo las series pictóricas de un Juan Suárez que, desde un primer momento, nos adentra en las estancias complejas y comprometidas de una pintura que oferta los grandes valores del abstracto, esos que marcaron una época, los años cincuenta, y que el artista portuense llevó a la Sevilla de los setenta para que, desde ella y con ella, se establecieran nuevos caminos.

La pintura de Juan Suárez nos posiciona en las fórmulas de una poética pintada, en los desenlaces de una plástica formal, esa que nos lleva por la emoción del color, por el sentido único de la pintura pintura; la que atrapa la mirada y transporta a los estadios de un concepto plástico infinitamente más espiritual.

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