Cultura

La fe para quien la trabaja

Drama, Alemania, 2014, 107 min. Dirección: Dietrich Brüggemann. Guión: Dietrich y Anna Brüggemann. Fotografía: Alexander Sass. Intérpretes: Lea van Acken, Franziska Weisz, Florian Stetter, Ramin Yazdani, Hanns Zischler, Birge Schade.

Heredera de la frialdad conceptual y el rigor formal de Haneke y sus vástagos austrogermanos, Camino de la cruz se la juega al férreo control de sus elementos primordiales para disertar sobre la fe y sus tortuosos caminos en estos tiempos laicos y descreídos: catorce secuencias, casi todas en planos fijos de medida composición, apenas dos o tres elocuentes movimientos de cámara, ausencia total de música y espacio amplio para la palabra y el trabajo de los actores para narrar, siguiendo el correlato de las estaciones del Via Crucis, las dudas y el sacrificio (¿de santidad?) de una adolescente que vive la religión y la fe de forma conflictiva y atormentada en el seno de una familia fundamentalista y una estricta educación ultracatólica.

La cinta de Dietrich Brüggemann se sujeta a sus propias limitaciones para retratar con distancia y temperatura frigoríficas un proceso ambiguo que tiene más de artificio dramático al vacío que de universo complejo con todas sus fisuras y matices. Así, la madre opresora (pasada de rosca Franziska Weisz), el padre silencioso y consentidor, el cura adoctrinador y manipulador o el médico fiel a la deontología profesional parecen más bien figuras ejemplares de una sola pieza, modelos (bíblicos y didácticos) de intransigencia, autoridad o complacencia en un relato que quiere dejar espacio al espectador y a sus propias dudas, también incluso a una cierta mirada satírica, pero que no termina de respirar nunca, atragantada en su rigor como la propia joven en una de sus secuencias finales.

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