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Un gozo supremo en verde y gris

Un gozo supremo en verde y gris Un gozo supremo en verde y gris

Un gozo supremo en verde y gris

Cualquier amante de lo artístico se tiene que sentir lleno de satisfacción al comprobar que la Sala de Exposiciones de la Casa Pemán, de nuevo, acoge una muestra artística de verdadera categoría. El espacio donde se encuentra la sede de la Fundación Cajasol en la Plaza de San Antonio de la capital de la provincia es uno de los mejores que uno pueda imaginar y dispone de todos los argumentos museográficos para la presentación de cualquier tipo de muestra artística. Sin embargo, todos los aficionados echamos en falta una programación continuada de artistas importantes. En la mente de todos están las muy buenas exposiciones que, últimamente, en ella se han presentado - Rocío Cano, Pepe Baena, Fermín García Villaescusa o los fondos de la Colección Sur dependiente de la Confederación de Empresarios de la Provincia de Cádiz - potenciando el carácter de las obra y manifestando las infinitas posibilidades que el espacio plantea. La muestra que ahora ocupa la importante sala en la casa que fue del escritor gaditano constata fehacientemente lo que planteamos y deja constancia de la necesidad de ese programa permanente con artistas de contrastada significación. Además, en los tiempos que corren, cuando la infraestructura expositiva ha bajado considerablemente, es del todo necesario experiencias expositivas cuidadas y rigurosas.

David Maldonado es un pintor jerezano de absoluta importancia. Un pintor con mayúsculas, que realiza una figuración esencial, llena de sabias posiciones pictóricas y de felices argumentos creativos. La muestra nos sitúa en tres aspectos diferentes de la obra de este artistas: el retrato, el desnudo y el paisaje. En los tres desarrolla un potencial artístico de gran dimensión, muy buenos registros representativos y unos desenlaces coloristas llenos de intensidad y clarividencia. Sabe plantear el retrato desde acertados esquemas esenciales, dando especial protagonismo a los aspectos íntimos del retratado, ahondando en el espíritu del modelo y llenando de contundencia colorista la expresión. Sus desnudos afianzan la sensualidad mediante un extremo colorido que acentúa esa clara argumentación sensorial que dimana el propio elemento representado. Sin embargo, es en el paisaje donde el artista jerezano marca las distancias. Este que esto les escribe lo considera uno de los mejores paisajistas que por aquí existen. Maneja con sabia facilidad los colores; a estos les concede, además, adueñarse de la arquitectura general de la composición; desde las gamas cromáticas, resueltas con acierto, estructura un desarrollo paisajístico de gran pureza. Los colores, verdes y grises, sobre todo, crean un entramado representativo, en el que los simples campos de color - los verdes y los grises en diferentes tonalidades - plantean todo el espacio expresivo y llenan de entidad pictórica la ilustración de esa realidad tan sutilmente planteada.

DAVID MALDONADOCasa PemánCÁDIZ

Considero - hay muchas profesionales que también lo hacen - que David Maldonado es un magnífico pintor. Lástima que él no llegue también a creerlo. Es artista que sabe muy bien el ejercicio de su profesión. Lo que pinta convence; su pintura descubre un artista acertado, sabio y con suma solvencia. En sus paisajes, de una naturalidad pictórica aplastante, se observan datos que manifiestan la entidad creativa del autor: el dominio de la composición, el manejo distributivo de los colores, la pincelada exacta que parcela la realidad representada; la estática contundencia de sus formas que acentúa la arquitectura del paisaje; la correcta morfología plástica que hace suscribir una sintaxis representativa perfectamente ajustada al medio para que desarrolle, bellamente descrita, una realidad esencial y llena de máximas argumentaciones artísticas.

Era necesaria una gran exposición de David Maldonado. El espectador merecía un sabio proyecto artístico como el que presenta y, además, el artista necesitaba abrir sus infinitos horizontes creativos para dejar constancia de sus dilatadas perspectivas pictóricas.

La muestra de la Casa Pemán va a servir para el encuentro feliz con una obra que no tiene tiempo ni edad, con los supremos episodios de un paisaje lleno de clásica modernidad, de transparencia argumental y plástica, de clarividencia y de verdad. Un gozo en verde y gris que no deja indiferente y nos sitúa ante un artista importante.

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