arte La pieza, en depósito en la Universidad de Sevilla desde 1911, forma parte del importante patrimonio del 'Prado disperso'

Un joven Ribera en la Hispalense

  • El historiador Gianni Papi atribuye la autoría de 'Clérigo escribiendo' al Españoleto y no a Herrera El Viejo · Fechado entre 1612 y 1615, la obra se integra en la etapa menos representada en el Museo del Prado

"Todo cambia, nada permanece". La cita resume el pensamiento de Heráclito y acaso la historia del lienzo Clérigo escribiendo, procedente del importante patrimonio del conocido como Prado disperso y cuya autoría, tras el estudio del investigador Gianni Papi, se atribuye ahora a José de Ribera El Españoleto (Játiva, 1591-Nápoles, 1652), uno de los pintores más sorprendentes de la tradición pictórica española que ejerció un decisivo influjo en los modelos iconográficos de Velázquez y Murillo.

El cuadro, actualmente en un despacho del Rectorado en la Fábrica de Tabacos, ingresó en los fondos de la Universidad de Sevilla en agosto de 1911, procedente de la pinacoteca madrileña en régimen de depósito. Entró en el inventario como copia de José de Ribera, hasta que en 1978, en un estudio publicado por la Diputación, el profesor Martínez Ripoll atribuyó su autoría a Francisco Herrera El Viejo con una fecha de realización cercana a 1650, como así figura actualmente en el registro del Patrimonio Histórico Artístico de la Hispalense.

Gianni Papi, una de las voces más autorizadas en el estudio de la obra del pintor de Játiva, recogió en el libro Ribera a Roma (editorial Soncino, 2007) las claves de la decisiva etapa del pintor en la capital italiana y en los años siguientes hasta su establecimiento en Nápoles en 1616, un periodo de su arte que el Museo del Prado antalogó en la exposición El joven Ribera. Entre las novedades aportadas por Papi en este estudio, destaca la nueva atribución de este Clérigo escribiendo, "una pintura que era un verdadero enigma para muchos historiadores del arte", en palabras el profesor Benito Navarrete recogidas en su blog, publicación que se hace eco de esta nueva pieza en el corpus de uno de los autores más geniales de la pintura española. No obstante, para Papi, Ribera es "el artista que tiene el papel más importante en Roma en el segundo decenio del Seiscientos" y "la figura más importante del caravaggismo". En este sentido, el historiador italiano sostiene que "los pintores que llegan a Roma desde Francia, Flandes y otras regiones durante el segundo decenio del siglo XVII no se fijan tanto en Caravaggio, como en Ribera", afirmaciones -realizadas a Ars Magazine- que abundan en la trascendencia de este autor, que se ha venido recuperando en los últimos años con proyectos tan ambiciosos como la muestra del Prado. Un influjo, sobre todo, que se percibe, según Navarrete, en la pintura al natural que desarrolló Velázquez (Sevilla, 1599-Madrid, 1660), y de la que se ocupó la recordada exposición De Herrera a Velázquez, el primer naturalismo en Sevilla, que comisarió junto a Alfonso Pérez Sánchez en el Bellas Artes, en noviembre de 2005.

En su libro, Gianni Papi cuenta cómo encontró en el catálogo de una subasta de Sotheby's de Mónaco en 1990 una antigua obra que hermanaba dos pinturas de tempranas de Ribera. Por un lado su célebre Demócrito -del que pintó varias versiones- y este Clérigo escribiendo que en realidad es Heráclito, del que hay más copias de diferente calidad.

El descubrimiento no es baladí, pues la fecha de producción de este cuadro se fija entre el 1612-1615, es decir, la del Ribera joven, una etapa escasamente representada en el Prado, museo que, sin embargo, cuenta con más de 40 originales de Ribera, casi todas a partir de su apogeo en Italia, como los célebres El sueño de Jacob (1639) o La mujer barbuda (1631, propiedad de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli).

El cuadro de la Hispalense se integra en la etapa del Ribera joven, la de su estancia en Roma y los primeros años de su época napolitana, cuando realizó numerosas figuras aisladas o en pareja -generalmente de medio cuerpo y con frecuencia ante una mesa- que en su mayoría eran santos del Nuevo Testamento. En estas representaciones conjugaba su escritura pictórica, precisa y eficaz, con tipologías humanas y realistas en las que el personaje se encuentra en primer término y ocupa casi todo el campo pictórico dando lugar a imágenes llenas de fuerza y rigor. En esta etapa, se recuerda en el catálogo del Prado, "ya comienza a representar filósofos como en las obras Orígenes y Demócrito, para los que utiliza formulas similares a las de los santos".

La debida limpieza y restauración de la pieza además de su exposición pública, concluye Navarrete, "darán las claves del primer Velázquez". Nueva prueba del legado de los genios.

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