Lectores sin remedio

¿Quién es el asesino?

Humphrey Bogart, caracterizado como detective en El halcón maltés. Humphrey Bogart, caracterizado como detective en El halcón maltés.

Humphrey Bogart, caracterizado como detective en El halcón maltés.

“Para que una novela tenga éxito debe incluir entre sus páginas un cadáver”, escribía alguien que ahora no recuerdo, pero al que a la vista del actual mercado editorial no le faltaba razón. Sin embargo, los inicios de la novela policiaca fueron más bien modestos si nos atenemos al seguimiento que tuvo por parte del público ‘Los casos de la calle Morgue’, publicada en 1841 por Edgar Allan Poe, y donde nos presentaba al que hoy se considera primer detective literario: Auguste Dupin. Sin embargo, Dupin fue el modelo a seguir por otros personajes de ficción que tuvieron una popularidad arrolladora, como Sherlock Holmes de Conan Doyle o Hércules Poirot de Ágatha Christie.

A principios de los años 30 del pasado siglo dos autores también norteamericanos, Dashiell Hammlet y Raymond Chandler, renovaron el género con una serie de excelentes novelas que dio lugar a lo que se denominó “novela negra”, por los escenarios sórdidos donde se desenvolvían sus protagonistas y donde la moralidad de los mismos entraba en un plano más ambiguo y realista. Sin duda la popularidad de esta literatura se acrecentó cuando algunas de estas novelas fueron llevadas al cine, y donde Humphrey Bogart pondría un rostro imperecedero (en la imagen) a los detectives Philip Marlowe o Sam Spade. Curioso fue el fenómeno que se dio en nuestro país en la década de los 60, cuando la recién inaugurada televisión pública convirtió en un fenómeno de masas al detective Larose, protagonista de la serie ‘¿Es usted el asesino?’, basada en la novela del mismo nombre de Fernand Crommelyck.

Con el paso del tiempo, y esto es historia conocida, van surgiendo nuevos nombres que mantienen el interés de cada vez más lectores. En España, Francisco González Ledesma, con su genial comisario Ricardo Méndez, es uno de los primeros grandes escritores de este género, al que seguirán Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Alicia Jiménez Bartlett o Lorenzo Silva entre otros muchos. Fuera de nuestras fronteras Georges Simenon, Patricia Highsmith (que da otro giro al género al escribir desde la perspectiva del asesino, con la creación de su personaje Ripley), Henning Mankell, Donna Leon, Stieg Larsson, Markaris o Benjamin Black.

Grandes escritores recreando con sus historias la cara menos grata de la realidad, aunque esas historias en alguna ocasión han tocado a sus autores más de lo que uno pudiera pensar. Es el caso de Anne Perry, una conocida escritora de novelas policiacas británica, cuyo verdadero nombre es el de Juliet Marion Hulme. Perry fue protagonista real siendo una adolescente, de un macabro suceso al ser cómplice de su mejor amiga, Pauline Parker, en el asesinato de la madre de esta última. Por cierto, este caso sería llevado al cine en la excelente ‘Criaturas celestiales’, dirigida por Peter Jackson y protagonizada por Kate Winslet.

Los casos de Auguste Dupin. Los casos de Auguste Dupin.

Los casos de Auguste Dupin.

Los casos de Auguste Dupin

Edgar Allan Poe. Traducción José Luis Piquero. Navona negra, 2016.

No han sido muchas las recopilaciones editadas de las historias protagonizadas por Chevalier Auguste Dupin, al que se considera el primer detective de la literatura, y que fue creado por este genial escritor norteamericano. Entre ellas está este libro, aún localizable en librerías, que recoge además un muy interesante prólogo de José Luis Piquero que realiza igualmente una intachable traducción. Los que aún no hayan descubierto esta faceta de Poe, tratando de solucionar intrincados casos policiacos, seguramente serán atrapados por la magia de estas historias, en las que la lógica y el suspense guardan un justo equilibrio. La serie se inicia con ‘Los crímenes de la calle Morgue’, a la que seguirían ‘El misterio de Marie Roget’ para finalizar con ‘La carta robada’. R.C.P.

Cuentos completos. Cuentos completos.

Cuentos completos.

Cuentos completos. (2º volumen, 1909/1937)

Edith Wharton. Páginas de Espuma, 2019.

Los escritos viajeros de esta norteamericana, ‘En Marruecos’, ‘Viaje por Francia en cuatro ruedas’ o sus ‘Travesías por España, Francia, Italia y el Mediterráneo’, me proporcionaron en el pasado momentos de emoción y admiración. Wharton día tras día vencía, sin duda, los convencionalismos de la sociedad del momento. Gana el premio Pulitzer y fue la primera reportera de guerra. Pero aparte de sus excelentes libros de viajes o el alabado y conocido ‘La edad de la inocencia’, a Edith Warton podemos incluirla entre esos pocos escritores maestros de un género tan difícil como el del relato breve. En este segundo volumen (el primero ya fue comentado en esta sección) comprende el periodo 1909/1937. Una acertada selección, tanto en su temática como en la altura literaria de los mismos. R.C.P.

Cuando Lázaro anduvo. Cuando Lázaro anduvo.

Cuando Lázaro anduvo.

Cuando Lázaro anduvo

Fernando Royuela. Alfaguara, 2012.

Después de una gris vida laboral como empleado de banca, Lázaro sufre un ERE que lo lleva de cabeza a la prejubilación (hasta aquí la historia del protagonista por desgracia no dista mucho de la de miles de españoles). Y cuando “disfruta” de su obligado retiro, un derrame cerebral lo lleva a urgencias, cuyos médicos le certifican la muerte. Al ser conducido a la morgue, de forma inexplicable resucita y les pide a los camilleros un cigarrillo. Devuelto a este mundo, la vida de Lázaro da un vuelco total en el que más que protagonista de su destino, termina por convertirse en espectador de una serie de acontecimientos a los que asiste a veces aburrido y cansado, y otras divertido. Fernando Royuela con un estilo en la mejor tradición irónica de nuestra literatura, nos va describiendo y criticando una sociedad que no sabe qué hacer con una inoportuna resurrección. Magnífica. J.L.R.

La muerte del comendador. La muerte del comendador.

La muerte del comendador.

La muerte del comendador

Haruki Murakami. Tusquets bolsillo, 2018.

No sé si Murakami merece el Premio Nobel y por problemas de pronunciación de los suecos se lo dieron a Bob Dylan, de lo que sí puedo dar fe es que este famoso escritor japonés cuenta sus novelas por éxitos merecidos, no solo por la buena legión de devotos lectores que le siguen, sino también por su calidad. Y ‘La muerte del comendador’ no es en este sentido una excepción. El protagonista-narrador de esta larga y entretenida historia, pintor de retratos, después de separarse de su mujer se instala en una casa propiedad del también pintor Tomohiko Amada, del que descubre en el desván el cuadro titulado ‘La muerte del comendador’. A partir de aquí, la trama se va centrando en las relaciones del protagonista con dos vecinos: la niña Marie Akikawa y Wataru Menshiki, tan misteriosos ambos como el cuadro y el agujero, como una cripta, que descubren. J.L.R.

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