Cultura

"Los límites, si los hay, los marca el público; yo odio los prejuicios"

  • El viernes estrena su 'Sonanta Club', y tras participar en la inauguración de la cita con Israel Galván, aún tocará en otros tres espectáculos de la presente edición

El guitarrista Alfredo Lagos (Jerez de la Frontera, 1971), retratado en El Pasaje. El guitarrista Alfredo Lagos (Jerez de la Frontera, 1971), retratado en El Pasaje.

El guitarrista Alfredo Lagos (Jerez de la Frontera, 1971), retratado en El Pasaje. / josé contreras

Aunque su rostro quizás no sea de los más conocidos por el gran público, Alfredo Lagos es uno de los guitarristas imprescindibles del flamenco actual. En el toque de acompañamiento ha estado junto a los más grandes del baile y del cante, desde Sara Baras a José Mercé, con quien participó en el mítico Aire, pasando por Rocío Márquez, Argentina o la más reciente Rosalía. Entre sus incontables grabaciones, su guitarra se puede escuchar hasta en discos de la vieja diva de la música disco Gloria Gaynor. Con esto y con una sólida carrera como concertista, Alfredo Lagos ha situado su sonanta entre las más respetadas y valoradas por la crítica y por la afición, que encuentran en él un toque creativo, que bebe de la escuela jerezana pero sin dejar de caminar hacia la vanguardia jonda.

Ya en la inauguración de la Bienal, el pasado viernes, dejó uno de los momentos más bellos de la noche cuando tocó una emotiva minera en la plaza de toros durante la representación de Arena de Israel Galván, con quien lleva años trabajando. En esta edición estará presente estará presente en otros tres espectáculos, aportando su sensibilidad a las seis cuerdas en las propuestas de Tomás de Perrate (día 19 en el Central), Leonor Leal y Antonio Moreno (día 23, también en el en el teatro de la Cartuja) y la de su hermano el cantaor David Lagos, el día 26 en el Café Alameda.

Me gustaría recrear el ambiente de los bares de flamenco donde se juntan los amigos y de repente surgen cosas"Con mi hermano coincido en no olvidar lo que nos enseñaron los que estaban antes que nosotros; los maestros"'

Y por si fuera poco, antes de ese tour de force, este viernes 14, estrenará en el Espacio Turina su Sonanta Club, una propuesta absolutamente personal en la que estará rodeado de amigos como José Otero (guitarra eléctrica), Antonio Corrales (contrabajo), Guillermo McGill (batería y percusión flamenca) y Miguel Téllez (palmas). El músico jerezano, que ya en 2014 trajo a la Bienal de Flamenco de Sevilla su anterior álbum, Punto de fuga, no puede evitar sentir de nuevo la ilusión de poder reunirse con su público.

-¿Cómo afronta esta Bienal?

-Con muchas ganas y ánimo. La verdad es que aquí me siento como en casa. He tenido la suerte de inaugurar y clausurar la cita muchas veces ya, con Mario Maya, con Manuela Carrasco, con Poveda, con Israel Galván, con Enrique Morente, o en la pasada edición en el Maestranza con José Mercé... Y la verdad es que aunque siempre afronto con ilusión todos los proyectos en los que me meto, que no son pocos, la Bienal es muy especial para los artistas. Estoy muy feliz.

-Desde luego, está usted este año imparable...

-Totalmente, está siendo una Bienal muy completita de guitarra, cante y baile. Mi idea era haber tocado sólo en alguna cosa puntual y centrarme en la presentación de mi espectáculo, pero a los artistas a los que acompañaré no podía decirles que no. Son gente muy especial para mí, que confían plenamente en lo que hago. Así que no he tenido más remedio.

-Para su Sonanta Club ha empezado la cuenta atrás, ¿qué Lagos encontraremos aquí?

-Me gustaría recrear el ambiente de los clubes, no necesariamente los de jazz sino también de los bares de flamenco donde se juntan varios amigos y de repente hay entendimiento y empiezan a surgir cosas. La idea es romper con el formato tradicional del guitarrista sentado durante una hora y media y dando su discurso, y en lugar de eso, proponer un diálogo entre todos. En definitiva, disfrutar juntos como si estuviéramos en un club.

-¿Diría que está en su mejor momento artístico?

-No lo sé. Lo que sí sé es que cada día aprendo cosas nuevas, se lo aseguro, y me siento igual que cuando empezaba, prácticamente con la misma ilusión. Tengo momentos de subidón y otros en que quiero abandonarlo todo, pero supongo que eso le pasa a todo el mundo. Podríamos decir que ahora estoy en un momento bueno, si quiere... Pero todavía tengo que seguir trabajando mucho y muy duro. Nada de zonas de confort, hay que seguir día a día.

-¿Cuál es su concepto del flamenco?

-El flamenco es un arte que está absolutamente vivo, afortunadamente, y por eso surgen movimientos nuevos de debajo de las piedras. Pero la raíz es muy poderosa. Diría que el flamenco es como un árbol grande y fuerte.

-¿Tiene usted algún límite a la hora de poner su música al servicio de otro artista?

-Uno no puede marcarse límites. Los límites, si los hay, te los marca el público, que eso también hay que saber leerlo. Para trabajar o colaborar con un artista, primero debes dejar a un lado los prejuicios, y yo odio los prejuicios de todo tipo. Me gustan mucho los artistas que se esfuerzan, que tienen afición, que trabajan y se esfuerzan duro por conseguir algo. Y, claro, que te digan cosas artísticamente; si no, no hay mucho que hacer.

-¿Qué cree que han aportado los hermanos Lagos al flamenco y a Jerez?

-No le puedo decir... Entre otras cosas, porque a mi hermano lo admiro profundamente y no me compararía nunca con él. Si tuviera que decir algo, supongo que los dos coincidimos en buscar cosas interesantes que contar y no perder de vista lo que nos enseñaron los que estaban antes que nosotros y a los que, sin duda, debemos considerar maestros.

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