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La llama viva del Arte Contemporáneo

La llama viva del Arte Contemporáneo La llama viva del Arte Contemporáneo

La llama viva del Arte Contemporáneo

El año de 1717 fue decisivo para Cádiz. El Rey Felipe V firmaba, el 12 de mayo, un Real Decreto por el cual la Casa de Contratación, situada hasta entonces en Sevilla, debía trasladar su sede a la capital gaditana. La Historia se abría esplendorosa para una ciudad y su provincia que, con ello, obtendría una gran importancia no sólo económica sino, también, en todas las facetas, consiguiendo que la cultura y sus múltiples posiciones dejaran manifiestamente su huella y dieran una nueva y significativa fisonomía a Cádiz. Ahora, después de tres siglos, se conmemora tan fundamental hecho y el Arte Contemporáneo se hace presente en la efemérides de la mano de veinte artistas gaditanos que van a plantear su especial concepción artística en torno a una realidad a la que ellos hacen participar sus personalísimas posiciones plásticas y estéticas.

Eduardo Rodríguez, Juan Alonso de la Sierra y Miguel Ángel Valencia han comisariado una exposición absolutamente bien argumentada en todos sus aspectos, ideada con criterio, sabiduría y manifiesto acierto en su doble puesta en escena. La exposición comienza en el patio del Museo en torno al cuadro 'Pentecostés' que Francisco de Zurbarán pintó alrededor de 1630 para presidir el salón donde se reunían los miembros del Consulado de Indias de Sevilla y que, después del traslado de la Casa de Contratación, llega a Cádiz, ciudad en la que sigue, formando parte de la Colección del Museo gaditano. La pintura barroca sirve de referencia para que, desde ella y desde su valor histórico, los artistas actuales desarrollen sus personales planteamientos y hagan una reinterpretación del concepto que la misma plantea y su significación esencial en ese cambio de escenario desde Sevilla a Cádiz del que era el primer organismo español encargado del comercio con las Américas. Cada uno de los seleccionados promueve su realidad creativa, haciendo uso de los lenguajes que les son propios y que no son otros que los que anima a la plástica contemporánea, desde la pintura en sus diversas manifestaciones hasta la instalación e intervención del espacio museístico pasando por el dibujo, la cerámica, la fotografía y la videocreación.

CONTRATACIÓN PENTECOSTÉSSala Rivadavia y MuseoCÁDIZ

Los autores seleccionados abarcan toda la escena geográfica provincial, con artistas muy conocidos en su ámbito creativo y que han sido elegidos, atendiendo a los parámetros de los comisarios, entre el importante espectro artístico de una provincia con mucho donde buscar y, por tanto, mucho para encontrar. Artistas que asumen el concepto primigenio, que transitan abiertamente por la proposición establecida, adecuando su realidad creativa a la idea y abriendo rutas por donde circular con solvencia.

En pintura, Paco Mármol se ciñe a la obra de Zurbarán con su poderoso dibujo a bolígrafo y sutiles gestos llenos de inmediata ironía. Malali Bachiller realiza una metáfora sobre el viaje de la obra desde Sevilla a Cádiz, con una ausencia de personajes que aumenta el carácter evocador de la obra. Manolo Caballero nos sitúa ante su aplastante conocimiento de la cultura clásica, abriendo rutas hacia una mitología que relaciona diferentes aspectos con Cádiz como centro unificador. Cecilio Chaves plantea un paisaje nocturno de la ciudad gaditana con los colores como desarrollos visuales que hacen contrastar presente y pasado de una realidad sutilmente planteada. José Antonio Chanivet sitúa su espacio representativo en un inquietante escenario protagonizado por unos enigmáticos coches de choque a cuyo sistema impulsor se le adjudica, metafóricamente, las llamas del pasaje evangélico con un contundente sistema ilustrativo con el grafito como elemento conformante. Juan Ángel González de la Calle nos hace un feliz muestrario de aquellos productos que llegaron de los países americanos y que dejaron una huella en el devenir de un tiempo que el pintor jerezano hace eterno con una propuesta pictórica donde lo real se plantea con poderosísimos sistemas representativos y justas dimensiones conceptuales. Candi Garbarino se sirve de las cotas geográficas de Cádiz para situarnos la ciudad en un lugar dominado por la intensidad de la luz que ella hace posible gracias a la fuerza cromática de los impactantes azules. Magdalena Murciano compone una escena llena de enigmas, con el horror vacui poblando, de forma casi automática, de infinitos elementos un espacio pictórico que abre todas las máximas perspectivas significativas.

Dos autores plantean una obra con la pintura y el vídeo como soportes y elementos constitutivos: Pablo Fernández-Pujol realiza un políptico de 64 piezas pintadas al óleo que representan a un hombre envuelto en llamas - otra vez el fuego purificador y motivador de la pintura de Zurbarán - y que se completa con un vídeo donde el individuo recobra su aspecto humano al son de una inquietante música. Calde Ramírez se vale de las nuevas tecnologías para componer escenas que transportan a una interpretación mediata del cuadro del pintor extremeño.

Junto a la pintura, varias líneas de actuación se nos muestran con especialísimo sentido artístico. Así la fotografía aúna presente y pasado en la obra de Carola Santos, haciendo intervenir al público mediante la aportación de fotos antiguas que nos sitúen en un tiempo pretérito que fue ilusionante. Por su parte Juan Carlos González-Santiago alude a la capacidad del pueblo gaditano a subsistir ante todo tipo de vicisitudes, levantarse airoso y permanecer estoico mientras el entorno sufre el devenir de momentos hostiles. La escultura juega un papel importante en varios autores: Yeyo Argüez acude a unos bustos de los cuatro Evangelistas como portadores de una verdad divina que entronca con la finalidad que subyace de la escena representada en la obra de Zurbarán; José Hinojo realiza una columna en cuyo fuste se refleja su característica estética y que está coronada con una bella eclosión floral. Muy interesante es la propuesta de Pepe Muñoz, con la cerámica como centro conformador; una vasijas pintadas con diferentes motivos alusivos a la navegación sirven de estructura plástica para una metáfora que nos transporta a aquellos momentos en los que la ciudad alcanza su máximo esplendor. La pureza del concepto se manifiesta en la obra de Paco Almengló, con las palabra SER sobre unas cuidadas maderas a modo de peanas nos conducen a una dimensión ideográfica de profundo sentido plástico.

Con distintas fórmulas artísticas se presentan las obras de artistas que manifiestan una poderosa realidad creativa. Juan Isaac Silva realiza un proyecto sonoro en el que se reproducen canciones de todas las partes del mundo; Fátima Conesa nos sitúa ente una hipotética 'mesa de cosmógrafo' con aquellos objetos que el científico utilizaba para encontrar nuevas vías de navegación. Era el tiempo en el que las rutas marítimas estaban muy presentes en una época con ansias desmedidas de nuevas realidades; Arsenio Rodríguez, concede máxima potestad a los elementos constituyentes y formula una metáfora sobre la vida. Por último, Los Vendaval nos hacen participar del gran florecimiento gaditano de aquel tiempo con una intervención conceptual en la que una serie de palabras inciden en la idea de Prosperidad.

La segunda parte de la exposición, ya en la Sala Rivadavia, nos presenta dos partes perfectamente diferenciadas; en la sala iluminada nos encontramos una colección de autorretratos de los propios artistas a los que les une la llama de Pentecostés sobre sus cabezas. En ellos la personalidad creativa de cada uno de ellos se hace bien patente. En la sala oscura se presenta una proyección sobre el proceso creativo de cada propuesta y, además, se ofrece la posibilidad de una interactuacción de los visitantes, que pueden hacerse un retrato con la llama sobre sus cabezas para ser colocado en el propio espacio expositivo.

Estamos ante un proyecto importante que profundiza en un hecho histórico a través de los infinitos desenlaces del arte contemporáneo. Una apuesta creativa muy bien estructurada y que dinamiza el adormecido panorama artístico actual que existe en la ciudad.

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