Cultura

Esa luz, esa claridad

  • El sexto álbum de la sitarista Anoushka Shankar es un acercamiento al flamenco de la mano de Pedro Ricardo Miño, Duquende y el productor Javier Limón

Anoushka Shankar Productor, Javier Limón. Con Duquende, Sandra Carrasco, Faruco, El Bobote, Eléctrico, etc. Deutsche Grammophon

Inside me son unos tanguillos con estribillo. El virtuosismo rítmico de la sitarista es impresionante. Es un concepto flamenco contemporáneo, influido por el pop: coritos y estribillos. Las Bulerías con Ricardo son puro ímpetu, frenesí, dentro de la estricta armonía modal flamenca. El equilibrio entre el frenesí y el lirismo es sorprendente. Las partes más rítmicas, pletóricas de intención y naturalidad, y las líricas, cantables, contemplativas, gustosas: como un acto de amor, físico, espiritual, en el que el tiempo se detiene y se desboca sin solución de continuidad. Los dos movimientos, íntimos, poderosos, vitales, inmutables, de un corazón. Todo merced a la hipnosis creada por el compás de doce tiempos. Y, por supuesto, a las palmas del Bobote y el Eléctrico. Épica y lírica, firme y tierna. Fluido diálogo del sitar con el piano de Pedro Ricardo Miño: por cierto que el piano está en el flamenco desde finales del siglo XIX. O sea, casi desde sus mismos orígenes.

Aunque Krishna está totalmente alejada de lo jondo, quisiera destacar esa voz vieja, cuando se va hacia las notas altas, de Shubha Mudgal: conmovedora. A ritmo de tangos, en Si no puedo verla, el tema del sitar comienza en unas notas muy altas, para bajar luego al valle de la resolución de la frase musical. Es como un camino, el descenso de la montaña al valle. Naturalidad y verdad. La voz de Duquende se lanza desde una salía por seguiriyas, para pasar luego a unos tangos canasteros. Unas nuevas bulerías, Dancing in madness con unos cambios de ritmo que incluyen los pies de Farruco. Boy meets girl es una granaína: el sitar hace la voz solista y la guitarra flamenca el acompañamiento. Es una granaína de fantasía, de una pulcritud, dentro de su barroquismo, y una elocuencia brutal. Esa es la gran virtud de esta música, de esta intérprete, de esta cultura. Cómo, de lo bizarro de sus gentes, de sus caminos, de sus tradiciones espirituales, de sus instrumentos musicales, puede surgir esa luz, esa claridad . En la segunda parte Pepe Habichuela da la réplica. Al final de la pieza hay un diálogo fluido entre ambos intérpretes. No es la primera experiencia de Pepe con músicos de La India, recordemos su Yerbabuena (2001), un disco grabado con la Bollywood Strings Orchestra. Su presencia aquí es, a la vez, un acto de justicia poética y de inteligencia. La voz dulce de Sandra Carrasco que, si en su disco de debut no ejecuta ni una nota jonda, se atreve en Kanya, con sobrada solvencia, con la seguiriya. Una seguiriya muy rítmica, un camino que abrió Manuel Vallejo en los veinte y que se concreta en los noventa con el dúo Morente-Habichuela. La voz de Carrasco convierte, en la segunda parte de la pieza, el romance tradicional en una canción lírica. Sobre un ritmo binario prototipo, que en el flamenco recibe el nombre de tango lento o tiento, con la percusión del Piraña, Shankar despliega un notable dominio rítmico en la pieza que da nombre al disco. Ishq es una nueva bulería, una nueva demostración de virtuosismo, mientras que Casi uno es una canción de Javier Limón sobre textos de Shankar, con la voz de Concha Buika, en la línea de la canción aflamencada que popularizó hace unos años la cantaora mallorquina. Aunque la música y el baile tradicionales de La India son fuertemente narrativas, y el flamenco es un arte abstracto, de emociones básicas, lo cierto es que ambas músicas tienen en el acento rítmico gran parte de su fundamento, lo que es común a todas las músicas de tradición, y están indisolublemente unidas al baile. Otra cosa es la afirmación de que el flamenco tiene su origen en La India, que dice el libreto. Sí, si entendemos que toda la cultura europea se basa en el genio aportado por Grecia, también en lo que se refiere a la música, y Grecia crece en su contacto con La India.

No sólo el que afirma que los gitanos vienen de La India, también este camino de investigación merece ser revisado, porque creo que encierra evidentes hallazgos. Falla fue el primero en señalar la conexión entre el flamenco y la música bizantina, pero pocos han seguido después esta tendencia.

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