Mercedes Gallego. Reportera de guerra

"Hay madres que van a la guerra para tener colegio y médico para sus hijos"

  • La periodista jerezana, corresponsal en Nueva York desde hace más de diez años, cuenta hoy en la librería El Laberinto sus experiencias como una de las pocas mujeres 'empotradas' entre los marines en Iraq

Mercedes Gallego (Jerez, 1970) vive en el East Village de Nueva York, algo lejos del metro, pero en el centro del mundo. Corresponsal de El Correo desde hace más de diez años, Gallego se ha convertido en trotamundos. No es extraño, cuando uno la recuerda compartiendo una cerveza -y dos, y tres- en el café Arenal, en los años que hacía prácticas en Diario de Jerez y mencionando como quien no quiere la cosa: "Creo que después de aquí me iré un tiempo a México". Y de México se fue a Guatemala y luego vio la devastación del Mitch... "Estar en Nueva York significa que te mandan a todas partes". Y 'todas partes' significa el atentado a las Torres Gemelas, la guerra de Iraq, el Katrina o el terremoto de Haití, que tanto nos conmovió y hoy hemos olvidado. Gallego, que es finita y de apariencia frágil, se ha hecho en estos años una periodista grande, muy grande. Y dura, muy dura. Acumula premios, es coautora del documental El enemigo en casa: violaciones en el Ejército, y ha contado sus experiencias como la única periodista española 'empotrada' en tropas americanas en Iraq en su excelente libro Más allá de la batalla. Hoy estará en El Laberinto, a las 21 horas, para hablar de todo ello.

-¿Cómo nos ven los neoyorquinos? ¿Dicen 'pobrecitos españoles' y esas cosas?

-Nos ven mal. Sospechan que hay un compló para hundir al euro y el estado de bienestar.

-Vaya, que no salimos de esta.

-Somos la demostración de que el experimento del euro ha fracasado y enseña que el capitalismo salvaje es lo que vale. Pero yo llego a España y un amigo se ha cogido unos días de paternidad. Me gusta. Allí es difícil cogerse la maternidad.

-Pregunta televisiva. Cuénteme: ¿qué hay detrás de la batalla?

-Sudor y lágrimas, qué va a haber. De fondo, siempre permanente, el sufrimiento del pueblo iraquí. He visto a un pedazo de marine desmoronarse al oír la voz de su novia.

-Para los españoles, los soldados americanos son unos paletos disparando a troche y moche.

-Hay soldados que se sienten como dentro de un videojuego, pero la mayoría hace ese trabajo como un trabajo más. La guerra es una salida cuando no hay forma de subsistir. He conocido madres alistadas para poder pagar el colegio y el médico de sus hijos. Una historia: una mujer divorciada con cuatro hijos, su marido no le pasa la pensión, como en todas partes. Si sus niños se ponen malos, tiembla porque no tiene para lo mínimo. En Estados Unidos es caro hasta un antiinflamatorio. ¿Qué hace? Se va a la guerra. No los ve, pero sabe que van al colegio y tienen atención médica.

-Hábleme del miedo.

-El miedo en la guerra se traduce en gatillo fácil. Una de las cosas más dramáticas de la guerra es que el miedo lo justifica todo. Una impresión se cobra inocentes.

-¿Su relación con los soldados?

-Sentían que se desvirtuaba la información y nos tomaban como notarios en momentos de una tremenda intensidad. Era difícil. Ellos estaban adiestrados para no pensar y nosotros para saltarnos las reglas.

-Usted estuvo en la raíz, en el atentado a las Torres Gemelas. ¿Qué pasó en esa nación entre ese hecho y una guerra 'ilegal' en Iraq?

-Las torres fueron una excusa para que los halcones se quitaran la espina que tenían clavada en la primera guerra de Iraq. Yo considero que la guerra de Iraq es una gran traición a las víctimas del 11-S. Utilizaron esas víctimas como excusa.

-Y, entre todo esto, el Katrina.

-¿Cómo abandonaron una gran ciudad como Nueva Orleans? Si en cinco años no la han reconstruido, figúrese lo que tardará Haití.

-Los turistas han vuelto a Nueva Orleans.

-Los sitios a los que van los turistas están intactos. Otros barrios que son selvas con cuatro calles. Cien mil negros se fueron y no han vuelto. Tiraron las casas en las que vivían. ¿Katrina? Perplejidad. Recuerdo pandilleros, recuerdo a la policía disparando a quemarropa...

-Cuando fue a Haití ya tendría un callo en la mirada.

-La diferencia entre quien escribe en un periódico y el que lo lee es que el que lo lee cierra el periódico y va a sus cosas. Lo entiendo. A ti esa historia ya se te ha quedado clavada, te la llevas clavada. Sin quererlo, la información se convierte de un modo u otro en entretenimiento, aunque sea un entretenimiento doloroso. Pero ya Haití no es noticia.

-¿Y c uál es la noticia en Haití?

-La temporada de lluvias y huracanes, que más de un millónde personas, ¡un millón!, viven en campamentos con cuatro toldos, que un aguacero supone un lodazal, que hay gente en quebradas que puede morir ahogada por los deslizamientos de tierra... No sucede como en los periódicos, que cuando los cierras, todo desaparece.

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