Cultura

Una noche de estilos propios

  • Las Casas Cantaoras reivindican el cante más ortodoxo en una segunda jornada en la que el público fue el único que defraudó

Sólo apto para los buenos aficionados. Como si fuera de un congreso especializado, el cante más ortodoxo y sus distintas vertientes pasaron el pasado viernes por la Alameda Vieja en la segunda jornada de esta nueva Fiesta de la Bulería. Lo hicieron a través de las distintas casas cantaoras de Mairena, Lebrija, Utrera y Jerez. Por este orden. Son enclaves con sello propio y donde las distintas familias o casas cantaoras han salvaguardado durante años el cante más clásico, ese que en muchas ocasiones pasa de generación en generación por transmisión oral. Por esta misma razón, hay que ser muy buen aficionado para permanecer durante casi cinco horas sentado en la silla escuchándolo.

Jerez es especial y no admite experimentos. Así, si el jueves con Suena Jerez el público respaldó a los sus jóvenes, el viernes, con las Casas Cantaoras, el respaldo no fue el esperado y unas quinientas personas se congregaron en la Alameda Vieja. Menos mal que muchos vinieron expresamente desde las propias localidades, porque si no...

La noche fue larga e intensa, y cada una de las casas que pasaron por el escenario ofrecieron lo mejor de sí, cada uno a su manera. La sobriedad de Mairena, con un montaje enciclopédico, sirvió para abrir boca. Manuel Castulo, Antonio Ortega y Paco Morillo expusieron de la manera más ortodoxa la bandera de su imperio. Cantiñas, tonás livianas, soleá de Charamusco, tientos-tangos, seguiriyas (con recuerdo a José Menese), el romance del Conde Niño y una ronda de tonás fueron el menú que ofrecieron tres cantaores de extraordinaria calidad y grandes conocedores de los secretos del arte flamenco.

Más vivaz es Lebrija, que mediante la familia de los Malena puso un aire distinto. Destacó la ronda de tonás con las que Isabel Carrasco y Curro Vargas iniciaron el repertorio. Éste último también gustó en unos fandangos 'chocolateros' que el público agradeció.

Pero para desparpajo, Utrera, mezcla del cante señero, en la voz de Tomás de Perrate, y en la gracia de Manuel de Angustias recordando a Bambino en esas bulerías por cuplé tan creativas. Las bulerías de Utrera las puso Luis del Marquesito, también muy aplaudido.

Rondando las dos de la mañana fue el turno de la familia Agujetas. Dolores rompió la noche con unos martinetes dolientes. Otra galaxia. Tomás Rubichi, de voz más melosa, estuvo valiente en las bulerías pa escuchá, bien arropado por la guitarra de Domingo Rubichi, y Antonio se atrevió por romeras con esa manera tan particular que tiene de decir el cante. Dejó además una tanda de fandangos marca de la casa, en claro peligro de extinción, y que los aficionados aplaudieron bastante.

La noche concluyó con otra brillante aparición de Dolores, esta vez por seguiriyas, y por bulerías, en la que participaron los hijos de Tomás Rubichi.

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