Cultura

La noche grande de 'El Bo'

  • El Teatro Villamarta acoge cuatro horas de homenaje al palmero jerezano en el que destacan Jesús Méndez, Juan de la Morena y El Farru y el cante de Tomasa 'La Macanita'.

El Bo, recibiendo el calor del Teatro Villamarta al término del homenaje. El Bo, recibiendo el calor del Teatro Villamarta al término del homenaje.

El Bo, recibiendo el calor del Teatro Villamarta al término del homenaje. / Paco Barroso

“Yo soy cortito con sifón para hablar, sólo digo que estoy muy feliz y satisfecho”, dijo ‘El Bo’ a eso de las doce y media de la noche. Habían pasado cuatro horas de baile, cante y toque en un Villamarta que celebraba su ‘vuelta a la vida’. Fue el colofón a una jornada intensa, bien conducida por el periodista Juan Garrido, y en la que por las tablas del teatro desfilaron multitud de artistas para honrar, cada uno a su forma, a uno de los personajes más queridos del flamenco. Su tierra no fue menos, y si en Madrid, el Teatro Nuevo Apolo se llenó para la causa, en Jerez la respuesta fue contundente, de ahí que Manuel Soto ‘El Bo’ y su familia, en especial su hijo Maloko, agradecieran durante toda la noche el calor recibido.Artísticamente no fue una noche para recordar, pues aunque todos y cada uno de los que se subieron al escenario se dejaron el alma, momentos lo que se dice momentos no hubo demasiados. Cierto es también que con un cartel tan extenso (y eso que por distintas razones no acudieron finalmente Niña Pastori, Capullo de Jerez y Manuel Moneo y Barullo), la premura de tiempo impidió a algunos exprimir un poco más su arte. No es fácil llegar y pegar. Aún así, el homenaje regaló la templanza de Vicente Soto que, acompañado por la guitarra de Nono Jero, muy serio y eficaz en el arrope, se gustó más por bulerías que por soleá por bulería, demostrando ese sello tan característico de la casa que representa y poniendo de manifiesto que mejora año tras año. El público disfrutó también de la magia de Miguel Poveda, que sin brillar como otras veces, volvió a dar lecciones de cómo se tienen que hacer las cosas. Aclamado y venerado por los espectadores en cuanto asomó por el proscenio (con una camiseta con la imagen de ‘El Bo’, y unos deportivos blancos un tanto inapropiados para un artista de su talla), el catalán tuvo palabras de elogio para el homenajeado y afrontó tres cantes, el que más, aclarando que un resfriado había mermado un tanto sus facultades (menos mal, porque vaya condiciones). Con un Manuel Valencia sublime (puso al público en pie con alguna falseta), Poveda puso el listón alto acordándose de Levante, continuó por cantiñas y culminó su aparición por bulerías donde no faltaron unas letras dedicadas al Bo (todo un detalle). Con el respaldo de siete palmeros (Curro de Joaquina, Rafael Romero,Gregorio, Chícharo, Diego Montoya, Carlos Grilo y El Tripa) casi ná, invocó con su cante al propio Bo, que entre los gritos del público, se marcó una de las pataítas suyas. ¡Qué gracia!Otro de los puntos álgidos de la noche lo selló Tomasa Guerrero ‘La Macanita’. Dedicó sus cantes “a mi Bolindre, como yo le digo”, y con Manuel Valencia como escudero gustó por soleá, con constantes guiños a Alcalá y Utrera, y sobre todo por bulerías, donde, con sus letras habituales, arrancó el mejor baile de Diego de la Margara, en uno de los mejores momentos de la noche. Se le vio tan cómodo a Tomasa que hasta se despidió haciendo letras de villancicos. El baile también tuvo su sitio en dos vertientes, la elegancia de Antonio El Pipa y la visceralidad de El Farru. El Pipa, que se acompañó por Felipa del Moreno, Carmen La Cantarota yEstefanía Zarzana al cante y Juan José Alba y Javier Ibáñez a la guitarra, eligió bien (alegrías y tangos) y con esa donosura y flamenquería que posee puso su grano de arena a la noche. El Farru, por su parte, se rodeó de la nueva hornada cantaora de Jerez para improvisar con ese gen artístico que incluye su ADN. Enrique Remache, Manuel de la Nina y Rafael del Zambo exhibieron, con su bulería pa escuchá, su talento, y Juan de la Morena revolucionó el patio gracias a esa capacidad para meter a compás cualquier letra. No se puede bailar mejor. El ‘experimento’ funcionó y el público enloqueció. Grande los dos. Dentro de los nombres propios estuvo el de Jesús Méndez, espléndido en todo lo que hizo. Con Manuel Valencia a la guitarra, lo bordó por seguiriyas, rematándolas con el conocido cabal de El Serna. Impresionante su manera de doblar la voz. Por bulerías, mejor aún. Pero hubo más. Fernando de la Morena, con Domingo Rubichi, trajo el compás, Diego Carrasco el ritmo, Maloko de Sordera, sus dos caras, la clásica con cantes de fragua y la más vanguardista acompañando a su tío Diego Carrasco en ‘José Monge Cruz’; Pepe de Joaquina su cuplé y José Mijita nos obsequió con parte de la bulería de su último disco. Nos quedamos con ganas de escuchar más a María Terremoto, Lela Soto y Joselete de la Mayeta, y recuperamos el sonido de Juana Soto, otro metal ‘made in Sordera’, que hacía tiempo que no sonaba. La noche concluyó con otra pataíta del Bo, y la ovación y el cariño de todo el teatro.

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