Cultura

Sin olas ni vientos

  • Hayashi Fumiko narra la historia de una tormentosa pasión amorosa en el Japón devastado por la guerra

La escritora japonesa Hayashi Fumiko (1903-1951). La escritora japonesa Hayashi Fumiko (1903-1951).

La escritora japonesa Hayashi Fumiko (1903-1951). / d. s.

Hayashi Fumiko (1903-1951) forma parte de una generación de autoras japonesas que escribieron, sobre todo a partir de los años 30, alentadas por el auge de las corrientes feministas que cobraban fuerza en Japón. Fue, además, una escritora de éxito, pese a que la acogida de sus trabajos por la crítica fue bastante desigual. No tuvo apenas formación académica, su fuerza literaria y sus excelentes dotes de narradora nacen de su enorme amor por la lectura y de su personal forma de convertir su peculiar experiencia vital en material literario, como ya demostrara en una de sus obras más famosas, Diario de una vagabunda, de carácter autobiográfico.

Nubes flotantes, que se publicó el mismo año de su muerte, nace a partir de su experiencia como reportera y viajera incansable, pero más allá de convertirse en un mero documento revelador de hechos reales, Hayashi construye el conmovedor relato de una relación amorosa destinada al fracaso que se desarrolla en el impactante escenario del Japón expansionista y el de posguerra. La pareja protagonista, Yukiko y Tomioka, se conocen en Indochina. Ambos trabajan para el gobierno japonés durante la ocupación. Ese peculiar estatus de los japoneses en la zona y la maravillosa naturaleza de desbordante fuerza juegan un papel decisivo en el comienzo de esta relación. Tras la guerra, arrojados fuera de su particular paraíso terrenal, ambos vuelven a Japón por separado e intentan reconstruir una relación que se convierte en una atrayente y a la vez pesada carga para ambos.

La novela posee un indiscutible valor testimonial sobre la vida en el Japón de posguerra. Nos revela una situación en la que quizás apenas hemos reparado en Occidente: la repercusión que la paz tuvo para el pueblo llano japonés, que en su mayoría estaba absolutamente desinformado sobre el verdadero papel de su país en la guerra y que, abotagado por la propaganda nacionalista, desconocía el verdadero derrotero de la contienda.

En las grandes ciudades como Tokio, la adopción de las costumbres occidentales sucedió a pasos agigantados. Nuestra autora vivió esta reconversión en primera persona y son numerosos los elementos presentes en esta novela que nos muestran esta situación. La vida de las mujeres, tan presentes y tan bien retratadas en estas páginas, sufrió un cambio fulminante. Como símbolo inequívoco, la permanente que un gran número de ellas adoptaron como peinado, el maquillaje occidental y las relaciones con americanos del ejército de ocupación.

También Yukiko, la protagonista de la novela, tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias, también ella conoce a un joven americano con el que mantiene una breve relación. Pero, por encima de la anécdota, está la conmovedora sensación de desarraigo que viven hombres y mujeres. "La locura y el tormento de la guerra habían cesado dejando en su lugar cobardía, en una paz sin olas ni vientos", reflexiona Yukiko en un pasaje de la obra. La vida para ella y para la mayoría de los japoneses se había convertido en "una comedia" en la que tenían que desempeñar un nuevo papel sin tiempo para aprenderlo.

Kayoko Takagi, responsable de la introducción y traducción de esta obra, realiza un admirable esfuerzo por trasladar a nuestra lengua la complejidad de un texto en el que, además de la ya de por sí complicada traslación de algunos términos japoneses, abundan los anglicismos adoptados en esa época en la que los personajes escuchan jazz a través de las ventanas de ciertos locales y en la que muchas mujeres están dispuestas a ganarse la vida como dancer girl.

Más allá del carácter testimonial de la novela, Hayashi Fumiko nos presenta en esta obra las afiladas aristas de una perversa relación amorosa. La autora opta por una compleja caracterización de los protagonistas, así como de los personajes secundarios. La mayoría de ellos andan perdidos en un laberinto emocional del que les es imposible salir.

En este contexto, aparecen una serie de elementos simbólicos que marcan el desarrollo de la historia. Por ejemplo, esas nubes flotantes a las que hace referencia el título de la obra, que son trasuntos de "la tristeza innata del ser humano" y que cobran sentido al final de la novela: "Tomioka se imaginó a sí mismo como unas nubes flotantes en el cielo. Nubes flotantes que un día, en cualquier parte, desaparecerían"; también las manzanas, que, como explica Kayoko Takagi en el prólogo, aparecen como símbolo de esperanza, de prosperidad.

Pese al cambio social y en las relaciones humanas en el que se sustenta la novela, encontramos en Nubes flotantes emocionantes destellos de la tradición japonesa. Por un lado, la inevitable remisión al karma que une la vida de los dos amantes pese a los infortunios que atraviesan y lo peculiar del carácter de ambos. También la religión, que aparece en el texto devaluada hasta el extremo, tiene en algunos momentos el poder de antaño cuando algún personaje alude a "los dioses y a los budas". En el sobrecogedor escenario posbélico en el que todo ha cambiado, los amantes se retiran por unos días al balneario de Ikaho y planean suicidarse juntos allí siguiendo la línea del tradicional desenlace de los amores contrariados. El tono de moderno mono no aware que impregna el momento parece inevitable: "La aceptación de que había llegado el momento final de su vida le producía cierto deleite estético impregnado de tristeza. Podría decirse que amaba la belleza de todo cuanto le rodeaba. El atenuado color amarillo, casi blanquecino, de las flores de crisantemo... En el paisaje del viejo cuadro de la pared soplaba también el viento. Se le cruzó por la mente la lluvia que caía sobre el Palacio Imperial de Tokio esa mañana".

En las páginas de Nubes flotantes, Hayashi Fumiko despliega el rico legado de una escritora hecha a sí misma, que vivió bajo sus propias convicciones, que amó la literatura por encima de todas las cosas y que animada por la experiencia propia fue capaz de desvelarnos el amor profundo, la insoslayable desdicha y la esperanza incierta.

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