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Un programa expositivo para olvidar

Un programa expositivo para olvidar Un programa expositivo para olvidar

Un programa expositivo para olvidar

Creo que el Ayuntamiento o el Consejo Regulador o las Bodegas o aquellos que tengan algo que ver en lo de la difusión de la Fiestas de las Vendimia habrán dispuesto una serie de actos importantes para dar la imagen que Jerez y sus maravillosos caldos se merecen. Como no tengo ni idea de tales asuntos no me puedo definir. Sin embargo, como en lo referente a lo artístico, por años al servicio del Arte, viendo temporada tras temporada muchas exposiciones, allí donde puedo - a veces, incluso, hasta donde no puedo -, dispongo de una información bastante significativa y puedo argumentar lo que, a ojos de la inmensa mayoría, puede ser más o menos importante. Por eso, afirmo categóricamente, que aquellos responsables de eso que llaman las Fiestas de la Vendimia dispondrán de buenos argumentos que sirvan para difundir nuestra cultura del vino porque, en lo que se refiere a materia artística, las exposiciones que, en las salas municipales, se han presentado, son todo un canto a lo que nunca se debe exponer y menos en unos momentos de tanta importancia ciudadana como este que conmemora el nacimiento de los nuevos caldos.

Salvemos, por el nombre y el recuerdo de los artistas, la muestra sobre el oficio de la tonelería que se presenta en Los Claustros de Santo Domingo. Aunque lo que allí se encuentra son obras muy conocidas y que sólo aportan el interés de volver a contemplar la extraordinaria fotografía de Eduardo Pereira y la pintura de Paco Pinto - por cierto, infinitamente mejor escultor que pintor -. Aparte de esto y con todas las reservas; las dos exposiciones que han sido organizadas desde el Área Cultura del Ayuntamiento - Salas de El Molino y Pescadería - dejan muchísimo que desear y ponen una nota más que negativa en el programa cultural de una ciudad que se merece infinitamente más.

Pasemos de puntillas por lo que se presenta en el viejo espacio del recinto del Alcázar. De todo lo que allí se ofrece, quizás, sea en el grabado donde podríamos encontrar un mejor planteamiento de la autora francesa Berny Bonnet.

Lo que no tiene nombre es lo de la Sala Pescadería. Tantos años intentando dar entidad al magnífico espacio expositivo, buscando que fuese el buque insignia del arte de Jerez y, en una de las fechas más señalada del calendario de fiestas de la ciudad, se expone una muestra sin criterio artístico alguno, sin calidad y con manifiestas carencias en cuanto al continente y al contenido.

La Sala municipal, con exposiciones de ese tipo, tiene los días contados. La Pescadería debe mantener un status; no se puede abrir a cualquier situación. El Arte no es democrático. Debe tener una correcta gradación. Todo el mundo tiene derecho a exponer, claro que sí, pero no todos pueden exponer en el MOMA de Nueva York. Jerez cuenta con salas suficientes para exposiciones de todas las categorías. Pescadería debe acoger unos argumentos artísticos basados en la importancia, en la calidad, en lo manifiestamente artístico, en lo trascendente. Si no, se convertirá en un espacio más, de donde los artistas importantes, de donde el arte con criterio, saldrán corriendo, sin querer saber nada.

Jerez, su Fiesta de la Vendimia, lo que esto encierra, merece mucho más tacto culturalmente. En lo artístico ha sido todo un despropósito. Por eso, el programa que difunda esa espléndida circunstancia que se conmemora, debe ser muchísimo más importante que lo que se oferta expositivamente. Si no es así, muy mal está la cosa.

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