Pepón Nieto. Actor

"No se ha recaudado más dinero; el 21% de una butaca vacía es cero"

  • El actor malagueño visita hoy el Gran Teatro Falla con la obra de Terencio 'El eunuco', una trepidante comedia en la que se acompaña de Anabel Alonso, Alejo Sauras y Antonio Pagudo.

Pepón Nieto (Marbella, 1967) actúa esta noche y mañana en Cádiz, en el Teatro Falla con El eunuco. "Mitad malagueño, mitad gaditano", el actor ha aprovechado unos días libres de esta semana para respirar a fondo el aire de este rincón que tanto le gusta: "Qué maravilla de tiempo", dice antes de explicar cómo funciona en escena esta versión libre de la obra de Terencio.

-Uno lee el argumento de El eunuco y parece que se pierde. ¿Estamos ante una absoluta locura de obra?

-Es una bendita locura. Sí, es un poco enrevesada si se lee el argumento escrito, contado, pero el público lo entiende perfectamente. Es una especie de vodevil, con todo el lío de puertas, de entradas, de salidas, de personajes que se buscan y se persiguen... También es un poco un espectáculo casi arrevistado, es muy inclasificable. Y, luego, la historia que cuenta es una historia que a priori leída puede parecer difícil de seguir pero es todo lo contrario; es muy sencilla, y además el público va descubriendo todo lo que pasa a la vez que lo van descubriendo los personajes, y eso hace que se sienta muy participativo, muy parte de la función.

-Tiene entonces un ritmo trepidante.

-El ritmo es un personaje más. La función sería otra sin el ritmo que tiene, el ritmo es lo que hace que funcione de la manera que funciona.

-¿Qué se puede destacar de la versión de Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez?

-Me parece que el gran acierto del espectáculo es el texto. Teníamos muy claro que si no había un texto del que partir y unos personajes bien construidos, esto no iría a ninguna parte. También nos gusta pensar que si Terencio escribiera la obra en esta época, escribiría este Eunuco. Hemos querido ser muy fieles al espíritu grecolatino, al espíritu de que la comedia para ellos era una fiesta, que el texto era un pretexto para generar una fiesta: y a nosotros nos ha salido un fiestón, la gente lo disfruta mucho y nosotros también.

-Entonces, ¿estaría encantado Terencio con esta versión?

-Yo creo que sí, hemos sido muy fieles, como te digo, a ese espíritu grecolatino de las comedias. Los dramas y las tragedias están muy bien construidas, se conservan muy bien, son universales porque son actuales y hablan del ser humano, pero las comedias son un pretexto, el texto es una excusa muy ligera para poner en pie algo que les haga pasar un día de fiesta, y esos espectáculos ellos los trufaban con música, con canciones, y es un poco lo que nosotros hemos querido mantener, y por eso el espectáculo, hacia la mitad, empieza a convertirse en un musical y al final es un musical en toda regla.

-¿Qué supuso estrenar esta obra en el Festival de Mérida?

-Bueno, este espectáculo no se hubiera podido hacer sin la coproducción de Mérida, sin los dineros del Festival de Mérida. Nosotros pensamos que la estrenaríamos en Mérida, que haríamos algunos bolos más, probablemente en algún festival de verano y tal... Pero llevamos ya un año y medio largo y vamos a estar casi dos años de gira. En Mérida tuvo un éxito arrollador tanto de asistencia como de crítica, estuvimos en Madrid tres meses y ahora volvemos a la Latina.

-¿Qué papel juegan la escenografía y el vestuario?

-Es una escenografía, de Eduardo Moreno, muy funcional, es una especie de casa que se mueve, que se desarma y se convierte en muchos espacios, los que queramos, y la escenografía además es movida por los actores, es muy sencilla. Queríamos que el espacio fuera cualquier sitio, no queríamos hacer ninguna referencia al teatro griego, al teatro romano, ni poner nada clásico, queríamos la atemporalidad de la función, que parece que no está en ningún tiempo ni en ningún espacio, queríamos que estuviera en la escenografía y también en el vestuario, de Sandra Espinosa. Eduardo Moreno trabajó mucho con ella, mano a mano, y la verdad es que el vestuario también es muy ecléctico, con el que de repente puede parecerte que están en los años veinte, o ese general prusiano que hago yo, con ese casco, con ese pincho, y luego hay personajes mucho más de andar por casa, mucho más cercanos, actuales, para reforzar esa idea de atemporalidad.

-He leído que Terencio ganó dinero con esta obra, ¿se repite la historia con este éxito o no da para tanto?

-Pues mira, la verdad, es que con el 21% de IVA... y yo no quiero ser pesado. Los productores somos Pep Antón Gómez, Anabel Alonso y yo, y con el Festival de Mérida, y la verdad es que estamos generando nuestro trabajo, nos está yendo bien, no estamos perdiendo, pero como productores te puedo asegurar que no estamos ganando. Si vas a caché, más o menos te relajas, pero si vas taquilla y tienes el teatro lleno, muchas veces cuentas dinero y te falta.

-¿Y confiaban en que al final de la legislatura se reduciría el IVA?

-Hombre, claro, aunque fuera como medida electoralista pensábamos que en algún momento llegaría. Está más que demostrado que no han conseguido más dinero subiendo el IVA, todo lo contrario, menos. Se demuestra en la Fiesta del Cine: están los cines llenos y han ganado más dinero poniendo las entradas a 2,80, ¿por qué las tienen a ocho euros? Pues esto es más de lo mismo. Es que el 21% de una butaca vacía es cero. Si bajas el IVA y los precios se adecuan más, puedes ganar más dinero. No se ha recaudado más dinero teniendo la cultura al 21%.

-¿Cómo ve, en general, la escena española?

-La veo como siempre. Hay un superávit de talento a todos los niveles, técnico, artístico, creativo, y hay trabas puestas ahí que parece que hay que estar remando todos los días. Por favor, un poquito de cuartelillo.

-¿Y cómo se ve el gran teatro del mundo?

-Pues mira cómo está el mundo, bastante loco. Parece que importa más la economía que las personas, y eso viene ocurriendo desde hace mucho tiempo. Creo que al ser humano le falta ponerse en el lugar del otro, ver con los ojos del otro, y seguramente eso nos haría mucho más solidario.

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