Cultura

La sangre y los afectos

Drama, Japón, 2013, 120 min. Dirección y guión: Hirokazu Kore-eda. Fotografía: Mikiya Takimoto. Intérpretes: Masaharu Fukuyama, Yôko Maki, Jun Kunimura, Machiko Ono, Lily Franky.

El cine de Kore-eda se declina a partir de las variaciones sobre el tema de la paternidad o la orfandad con la familia y la infancia en el epicentro de sus intereses, deudores y herederos de cierta tradición humanista del cine clásico japonés, de Ozu a Naruse.

Si en Nadie sabe un grupo de niños quedaba a la deriva tras el abandono de una madre, De tal padre, tal hijo plantea la posibilidad de una paternidad doble e inesperada, la que sobreviene a un hombre adicto al trabajo y con ciertas carencias emocionales que descubre de la noche a la mañana que quien cree su hijo no es sino el de otra pareja, intercambiados por accidente poco después del parto.

Kore-eda traza a partir de estos materiales altamente dramáticos un relato de tono suave y poco crispado que ahonda en la complejidad de cuestiones vitales esenciales con la duda y el dolor como motores de un tránsito incierto que provoca que el protagonista se repliegue sobre sí mismo y sus certezas.

La cinta se adentra así en un territorio de conflicto moral entre la sangre y los afectos como vínculos con la descendencia y los seres queridos, apuntando de paso algunas notas culturales sobre la condición de clase (proyectada en el contraste con la otra familia, tal vez lo menos sutil del conjunto), la culpa y la inesperada posibilidad de redención como ideas flotantes, acompasadas por una cámara siempre en ligero movimiento, y con la complicidad de unos adultos y unos niños consiguen un raro equilibrio tocado por un naturalismo invisible y, por momentos, bastante emotivo. No es de extrañar así que la película fuera la favorita de Spielberg en el último festival de Cannes, donde se hizo con el Premio del Jurado.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios