Cultura

"Una sociedad sin poesía corre el riesgo de sufrir Alzheimer"

  • Ripoll ofrece una reflexión sobre identidad y existencia en 'La lengua de los otros', obra con la que obtuvo el Premio Loewe de Poesía

El poeta gaditano José Ramón Ripoll. El poeta gaditano José Ramón Ripoll.

El poeta gaditano José Ramón Ripoll. / bernardo sancho

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Un poemario con un "rango metafísico de rigurosa lucidez", en palabras de Caballero Bonald, y con influencias de Paul Celan, Rilke o Gamoneda. La lengua de los otros (Visor), el poemario con el que José María Ripoll obtuvo el último Premio Loewe de Poesía, es una reflexión sobre la identidad y la existencia, un "viaje hacia algún punto inasible más allá del propio nacimiento, donde todo es posible y no lo es". Para ello, Ripoll (Cádiz, 1952) ha realizado un ejercicio de memoria para sacar a la superficie "momentos de la infancia escondidos en pasillos ocultos, que eran de repente iluminados por fogonazos". El autor fue hijo único y su infancia, dice, fue la de un niño protegido. Así, la figura de la madre, su mano -que a la vez "acaricia y ahoga"- son referente continuo junto con símbolos como la nieve, el viento, la penumbra.

En La lengua de los otros surge también Cádiz, pero un Cádiz difícil de asir, nebuloso, que abunda en su condición de rincón atlántico. La ciudad ya había aparecido de forma más tangible en su anterior trabajo, Piedra rota, y aquí su presencia es la del recuerdo difuso, reflujo de la infancia, "de ese ruido de fondo de los barcos en el muelle por la noche, los graznidos de las gaviotas o el silbido de las noches de Levante. Es más bien un sentimiento de Cádiz, un Cádiz más íntimo".

En el poemario también aparece un Cádiz "íntimo", de recuerdo de infancia

El poder de la palabra y del lenguaje es otra de las tramas sobre las que se teje un poemario de construcción homogénea y armónica. "La música -comenta Ripoll- es la parte más importante del poeta, el esqueleto sin el cual la poesía no se entiende". Así, La lengua de los otros puede entenderse también, "por los tiempos que corren y por la edad que tengo", como un "conato de rebeldía contra aquellos que intentan manejar el lenguaje": "Nos están robando la identidad, no en el sentido político o social, sino individual. Ni siquiera quieren que nos planteemos quiénes somos -prosigue José Ramón Ripoll-. Y la poesía es uno de los instrumentos más importantes a la hora de establecer esa recuperación personal, ya que el mismo lenguaje es una de la herramientas primigenias de manipulación".

"La historia de la humanidad es la de esa lucha entre esclavitud y liberación, y ahora parece que todos los poderes están sometidos a un poder más abstracto que no vemos y que ya no asusta -continúa el poeta gaditano-. Hoy día, existe un interés brutal en uniformarnos, hacernos seres conformistas y manejables. El mismo Hitler decía que podía mandar mejor a un batallón de mil hombres sin cultura que a diez hombres cultos. Y lo peor es que todo ese rodillo se realiza en nombre de la democracia".

Un proceso de "vulgarización" que, según José Ramón Ripoll, se extiende hasta la poesía "mediante el pretexto de la comunicación fácil y rápida con los demás. Hay poetas que ni siquiera saben lo que dicen pero tienen miles de visualizaciones en YouTube -desarrolla-. Esta banalización no es intrascendente porque una de las misiones de la poesía es aprehender la realidad desde todos los ángulos posibles. La realidad es como un iceberg y la misión del poeta es hablar de la parte sumergida. Una sociedad sin poesía corre un grave riesgo de sufrir Alzheimer colectivo".

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