Cultura

"Cada vez hay menos humoristas"

  • Millán Salcedo, ex Martes y Trece, se sube hoy, en el Teatro Villamarta, a un piano verde, un espectáculo en el que el público también "se verá reflejado"

- ¿Cómo se le da la vuelta a una estrofa de 'Anda jaleo' para convertirla en una propuesta tan atrevida?

- Bueno, la verdad es que la vuelta no sé dársela ni a los filetes empanados, porque culinariamente hablando no tengo ni idea... (ríe). Pero aquí he sabido cocinar, aderezar y condimentar basándome en aquella letrilla popular, que musicó Federico García Lorca. Y partiendo de aquello pues estoy en esta cota, que tiene su altura porque subirse a un escenario no es tan fácil como parece, y subirse a un piano verde pues resulta de lo más complicado. Menos mal que uno tiene predisposición al mundo del espectáculo desde la cuna y tengo más tablas ya a estas alturas que la serrería de San José.

-¿Es la primera vez que se sube a un piano?

- Es la primera vez que me subo al escenario con un piano, en este caso verde, con su pianista y todo, Marcos Cruz.

- Verde..., ¿como usted?

- (Ríe), soy verde total (bromea). Ya empiezo a ser un cincuentón, gordito, con pezón garbancero. Los gorditos simpáticos gustamos mucho. De paso ya voy a utilizar un poco eso de: ¡estoy libre!

- Pongámonos serios (algo casi imposible con Millán). Esta obra de teatro engloba recuerdos y canciones... Cuénteme.

- Sí, es un batiburrillo de cosas, aquellas que mejor sé hacer y en las que mejor me desarrollo. Digamos que lo canalizo y le entrego todo esto a Paco Mir y Joan Gracia de Tricicle y ellos me canalizan lo que yo necesitaba. Porque yo puedo ser un aparato de riego por aspersión en el escenario, pero claro llega un momento que hay que canalizarlo, porque si no, llegan los tsunamis, y eso no es bueno.

- ¿Se interpreta a usted mismo en esta obra?

- Bueno, no hago exactamente de mí mismo, sino que recupero el personaje cachondo, dicharachero, un poco el monologuista. Pero el espectáculo no es un monólogo al uso porque también hay partes con cierto drama, dramático-cómico, y donde juego con la sensibilidad del público en determinados momentos. No es hacer de Martes y Trece otra vez, aunque sigo en mis trece.

- ¿Y se ríe de usted mismo?

- Eso claro, eso claro. No te digo que cada vez que me veo con esta barriga... digo ay, ay ay. Me río de mí mismo y esto es vital. Yo lo recomiendo, al igual que recomiendo muchas de las cosas que hago en el escenario, en este piano verde. Yo animo a la gente a que haga aquello que no se ha atrevido a hacer nunca. Hay personas que se nos acercan, a los que estamos en la palestra, y yo les llamo quejicas traumatizados de esos que dicen: ¡ay, yo quise ser actriz, yo quise ser bailarina, yo quise... pero no me dejaron! Se puede hacer, aunque se tenga ochenta años hay que matar el gusanillo.

- ¿Usted tiene algún gusanillo que matar?

- ¿Yo? Pues sí (ríe). Bueno no. He tenido mucha suerte y me dedico y sigo haciendo aquello que me gusta. No hay ningún gusanillo que quiera matar. No me arrepiento de nada en absoluto. Estoy contento como estoy, un poco la cabeza que la tengo algo loca. Soy un lunático que vive además en un ático. Soy Aries, así que fíjate, un tío raro. Quizás me debería dar un poco más a salir porque tengo una vida demasiado introvertida, en mi mundo. Llega un momento en que mi mundo se convierte en mi espacio, y ya no puede ser más. Pero es que me tengo que cuidar mucho la garganta, y a poco profesional que sea, y la verdad es que lo soy, me prohibe un poco pues salir por ahí. Entonces, ni fumo, ni bebo, ni ni ni... (ríe).

- ¿Va a involucrar al público en su interpretación?

- Sí. Tiene interacción de alguna manera y el público se ve reflejado en muchas cosas porque hay un apartadillo en el que hago homenajes, en los que la gente se verá reflejada porque recuerdan determinada época. Hay un arañazo con mucho cariño hacia la nostalgia y al final tengo un pequeño recuerdo, y no por ello menos grande, a Martes y Trece. El espectáculo no pasa desapercibido: o te gusta o no te gusta.

- Usted que lleva toda la vida 'de buen humor', ¿cómo es el humor de ahora?

- Ahora, y lo vengo diciendo desde hace tiempo, creo que se cambian dos preposiciones. Antes la gente se reía con y ahora cierto sector del público se ríe de. Está mal reírse de las cosas que le pasan a los demás. Aunque es de agradecer ver series de humor como 'Aída', 'Siete vidas', 'Los hombres de Paco'..., que son apuestas hacia el mundo del humor. Siempre que puedo las veo y me encantan. Creo que humoristas cada vez hay menos y esto me gustaría que lo resaltara. Hay menos por la mala competencia que existe porque tú vas con toda tu ilusión a hacer un programa de humor y a la misma hora de ponen la entrevista a una choni de...., y te ganan en audiencia y luego encima te cuestionan. Mucha gente me pregunta que cuándo voy a salir en la televisión y es una cosa que tengo todavía un poco parada. He descubierto que el escenario es mi hábitat.

- ¿Era más fácil hacer humor antes?

- No. Ahora se puede decir cualquier cosa. Nosotros tuvimos la enorme fortuna de existir cuando sólo había un canal y de aparecer en una fecha determinada con mucha audiencia, como era fin de año, y en directo. Dio la casualidad de que aquello que hicimos gustó y si no hubiera gustado, pues igual nos hubiéramos quemado para siempre. Nosotros no es que seamos mejores que nadie, simplemente que tuvimos esa fortuna y pusimos al público de nuestra parte porque aquello primero que hicimos dio la casualidad de que gustó.

- Creo que no es la primera vez que viene a Jerez.

- No, he estado cuando era niño, con Josema (Yuste, su ex compañero de Martes y Trece) y hace dos años con 'Salomé' y María Adánez. A propósito, le hago un pequeño homenaje a Jerez. Una cosita muy bonita, muy bonita... Esta tierra me encanta.

- ¿Diga algo con lo que usted se ponga serio?

- Con la injusticia. No me parece justo que cuando se gana no se reparta y que cuando se pierda se eche gente a la calle. Y ver llorar a la gente.

- ¿Deme un antídoto para la crisis?

- Pues una predisposición anímica. Respirar el oxígeno que es el sentido del humor y ver lo positivo de lo negativo. Sé que es un poco demagogia pero es lo único que hay. Es perfectamente recetable: ¡venga, voy para delante!

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