Análisis

Francisco Reinoso

Abusos a infantes

Una de las palabras más duras en la expresión de Jesús de Nazaret fue en la condena a los que escandalicen a los niños: echarlos al mar con una piedra atada al cuello. Están denunciando, poco a poco, las personas adultas que en su infancia o juventud fueron abusadas. Es horroroso, porque un infante confía en los adultos, sea en la escuela, en la iglesia o en el hogar. Llevamos a nuestros hijos, nuestro mejor tesoro, para que sean instruidos en el saber. Hace muchos años, en Jerez, tuve conocimiento de abusos a niños por parte de un militar que daba clases de párvulo, de un profesor de instituto que abusaba de alumnas, de un cura que tocaba por debajo del pantalón corto. No puedo decir que los profesores, los curas, los padres en el hogar, los entrenadores deportivos, sean abusadores. Es pavoroso. Pero no es sistémico de una profesión o de un grupo. El Papa Francisco lo tiene difícil, es lento, pero firme. Los cuervos esperan su caída, para volver a un tradicionalismo como presumía el abusador Marcial Maciel, encumbrado por Juan Pablo II.

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