Análisis

Pepe marín

Adiós, Museo Taurino, adiós; buen viaje hasta Burriana

Hace un par de meses, quizás tres, escribí para estas páginas de Diario de Jerez algo referido al Museo Taurino… y Flamenco; así lo anunciaban titular y contenido del texto en cuestión y en respuesta a que, en dichas instalaciones, -creadas, impulsadas y mantenidas por el conocido empresario Alfonso Rodríguez-, hasta ¿ayer? sitas en Pozo del Olivar, paralelamente a su misión museística se habían ofrecido varios de los conciertos programados como parte del Festival de Jerez correspondientes a sus ediciones séptima 2003 y octava 2004. De las actuaciones, de sus protagonistas, daba cumplida información en el anterior informe, por lo que les libero de su repetición, aún cuando cada uno de los actuantes en ambas ocasiones -cante y toque especialmente-, merezcan no sólo la reseña de sus nombres; también la de lo mucho y bueno que supieron transmitirnos. Es posible que ahí hubiese acabado todo por mi parte: la denuncia de que la vida del Museo Taurino… y Flamenco, llegaba a su fin, quedaba expuesta consciente de que poco importaba lo que yo pudiera opinar al respecto. Ocurre que hoy, día 30 de mayo, festividad de San Fernando, el trabajo de mi admirado Peri aparecido como cada domingo en las páginas de Diario de Jerez, dedicado al susodicho tema del Museo Taurino, me ha puesto en órbita y me encuentro tecleando algunas líneas que sirvan para manifestar mi modesto agradecimiento a Peri por haberse convertido en el causante al poner ante los ojos -míos y de quienes gustan leer la prensa diaria-, el vehículo en el que se anuncia la mudanza de algunos de los enseres del museo dejando atrás el lugar de su nacencia, Jerez y, enfilando el camino de su nuevo destino hacia Burriana, localidad de algo más de 35.000 vecinos, perteneciente a la comunidad valenciana. Como suele ocurrirme lo mismo ante el diario trabajo de los malagueños MIki&Duarte y el dominical de Pedro Carabante, Peri, me siento gratificado por el acierto de sus denuncias; no se pueden decir más cosas con sólo una frase o un dibujo. El trabajo del jerezano Peri, pleno de inspiración, pone de manifiesto un hecho a todas luces deplorable: la desaparición de un museo -en esta ocasión taurino-, de una población de más de 200.000 almas como es Jerez, para ir a instalarse en otro núcleo vecinal de 35.000. El número en este caso no es importante; tanto derecho existe a la población de Burriana que lo recibe como a Jerez que, por motivos que se me escapan, lo deja ir. Y es curioso que esto ocurra cuando Jerez se prepara para recibir los museos del Flamenco y de Lola Flores. Claro que estos son temas viejos y edificios existen en Jerez para ubicarlos sin necesidad de traslados como el pretendido -y de ello ya me he ocupado también en anteriores comentarios- Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, Palacio Pemartín, Plaza San Juan, 1.

Algunos de esos edificios -según se viene comentando en los distintos medios informativos-, volverán a ser abiertos al público con el menester que los ocupó durante décadas (recuerdo ahora el nada atractivo edificio de Rianal cuya inauguración en 1969 tuve ocasión de presentar), El Gallo Azul, el edificio qué dio cobijo a la Bodega de Díez, frente a la Estación de Ferrocarril, Casa Palacio Riquelme, edifico que albergó la sede de la Policía Nacional, Palacio de Villapanés recuperado en parte, al parecer, para la sede de la Delegación Municipal de Cultura. Lugares hay en Jerez, algunos emblemáticos, para la ubicación no de uno, de varios museos que puedan codearse con los felizmente existentes de Relojes, Arqueológico, de Enganches… Ah, y, mientras tanto se localizan ubicaciones para museos y otros emblemáticos establecimientos dedicados a la cultura, no estaría de más tratar de recuperar el pavimento del acerado de la calle Córdoba, absolutamente deplorable y altamente peligroso para quienes precisan de su utilización.

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