Por la chimenea ardiente y las noches estrelladas, el rocío mañanero y Sierra Nevada. Por los patios y las cuevas de Nerja, los olivos y los perros en las verjas. Por la costa al atardecer, las olas purificadoras y los pájaros al amanecer. Por la tierra perdida, el caracol aventurero, Sabina y el sol de enero. Por el agua cristalina, la sonanta flamenca y el fino La Ina.

Por la juventud combativa, las letras comprometidas y la arraigada valentía. Por los hermanos Amador y Camarón, flamenco y revolución. Por las señoras en las casapuertas, Velázquez, Bécquer y los rojos tomates en las huertas. Por las manos llenas de callos, por Caparrós, Blas Infante y el canto de los gallos.

Por la alegría que nace de la tristeza, el tarro, la carga y la pureza. Por la salud obligada, el brillo de nuestros ojos y las charlas en cualquier parada. Por la identidad diferenciadora y por las fiestas montadas a deshora. Por las 'duquelas', el trabajo infinito y las antiguas azucareras. Por el albero, los brindis y nuestros abuelos. Por las carteras vacías, el soniquete y la melancolía. Por nuestro resurgir diario, por los zapatos rotos y por un traje para cada día del calendario.

Por la nostalgia de septiembre, las vueltas a casa y la Navidad de diciembre. Por el cogote moreno, febrero de playa y el aroma a romero.

Por el puente de Triana, río de alegrías y juergas gitanas. Por las madrugadas al fresco, paraíso estival, por Cádiz y su Carnaval. Por los rayos de luz que atraviesan botellines, con principios pero sin fines.

Por cada dibujo, cada letra, cada canción y cada camiseta. Por todos los que se marcharon y por los que luchan por quedarse, por nuestros desiertos y por nuestros embalses. Por cada homenaje, por cada triunfo y por nuestro 'age'.

Y, en definitiva, en su segundo día, por nuestra libre Andalucía.

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