Análisis

joaquín rábago

Berlín recupera una joya del movimiento moderno en arquitectura

La capital alemana ha recuperado para el mundo del arte uno de los más destacados ejemplos del movimiento moderno en arquitectura: la Nueva Galería Nacional, de Mies van der Rohe, originalmente inaugurada en 1968, un año antes de su muerte.

Se trata de una construcción de cristal y acero que recuerda en cierto modo al icónico y reconstruido Pabellón de Barcelona (1929), también de Mies, a la que ha devuelto su esplendor original el estudio de arquitectura de David Chippendale.

La nueva Galería Nacional es la única construcción diseñada para su país natal Mies van der Rohe tras sus largos años de exilio en Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los maestros más influyentes de su profesión.

Mies introdujo en su día una auténtica revolución en el concepto arquitectónico del espacio, liberando paredes, suelos y techos y recomponiendo todos esos elementos en un conjunto de planos sencillos.

La reinauguración de la Nueva Galería tras seis años de trabajos de reconstrucción se celebra ahora con una exposición en su luminoso espacios interior de móviles y esculturas monumentales en acero del norteamericano Alexander Calder (1898-1976).

El edificio parece estar cargado de energía cinética, sobre todo cuando cada cierto tiempo los colaboradores de la galería accionan los móviles de Calder, que arrojan entonces sus sombras sobre una superficie blanca.

También se exhiben en esa primera planta algunas muestras del trabajo de Mies van der Rohe como diseñador de muebles, entre ellos la famosa 'silla Barcelona', que concibió junto a su compañera Lilly Reich para el pabellón alemán de la Exposición Internacional que se celebró en la capital catalana en 1929.

El piso inferior de la galería da a un bello patio en el que se han instalado esculturas de artistas de distintos países, entre ellos el español Eduardo Chillida, el italiano Mariano Marini, el francés Henri Laurens, el alemán Gerhard Marcks o la peruana Marina Núñez del Prado.

Toda esa planta está dedicada a la colección de pintura y escultura de la Galería Nacional berlinesa y permite al visitante un interesante recorrido por las principales vanguardias del siglo XX: desde el cubismo y el expresionismo hasta la nueva objetividad y la abstracción, pasando por el movimiento dadá y el surrealismo.

Junto a artistas tan famosos como Juan Gris, Picasso, Robert Delauney, Kandinksy, Nolde o Magritte, De Chirico o los expresionistas alemanes -Grosz, Beckmann, Kirchner- se exponen otras de artistas menos conocidos internacionalmente, algunos de los cuales fueron objeto también de persecución por el Tercer Reich.

Recordemos que durante el período nazi se retiraron alrededor de dos mil obras de un centenar de museos alemanes y que en 1939 el régimen hitleriano arrojó a la hoguera unas 5.000 obras de arte en el parque principal de bomberos de Berlín.

Los nazis organizaron al mismo tiempo una exposición de lo que llamaban 'arte degenerado', que viajó por diferentes ciudades alemanas y en la que se incluyeron obras de artistas como Georg Grosz, Franz Marc, Kirchner, Klee, Willi Baumeister, entre muchos.

Mención aparte merece una película que se proyecta en una de las salas, la titulada 'Deep Gold', del alemán Julian Rosefeldt, una fantasía surrealista de marcado tinte erótico: su escena principal se desarrolla en un club nocturno del Berlín de los años veinte.

El filme de Rosefeldt, rodado en blanco y negro, recuerda extraordinariamente, al tiempo que rinde homenaje, al Buñuel de 'Un Perro Andaluz' y 'La Edad de Oro', con música de Wagner y tambores de Calanda incluidos.

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