Análisis

Pepe marín

'A Campo Abierto' con Álvaro Domecq Romero

Es posible que, 'a corazón abierto' con Álvaro Domecq Romero habría sido un más lógico titulo para este mi comentario, pero como quiera que la cita que promueve el caballero jerezano en 'Los Alburejos' responde a una realidad incuestionable, es mi gusto dejar constancia de la misma abriendo marcha de lo que quiero exponer y que no es, ni más ni menos, que mi adhesión rotunda y total a lo aparecido hoy (por ayer) en Diario de Jerez y en su sección cartas al director, con la firma de Ángel Vázquez y Vázquez, proponiendo que, la actual Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, amplíe su denominación con el nombre de quien la creó -mano a mano con su esposa, Maribel, y con su padre, como él, Álvaro-, Álvaro Domecq Romero. Tengo sobradas razones para adherirme a la propuesta. Razones que se remontan nada más y nada menos que a 1973 cuando Álvaro recibía de manos de los entonces príncipes de España -Juan Carlos y Sofía- el Caballo de Oro, premiando con ello su ejecutoria como rejoneador, ganadero y jerezano. Yo estuve en dicho acto -celebrado en los Jardines de El Bosque-, ejerciendo de presentador; como estuve en tantos y tantos espectáculos en los inicios de 'Cómo bailan los caballos andaluces' desde su gestación, desde el mismo instante en que fueron elegidas las músicas que servirían más tarde para respaldar las evoluciones de los caballos, junto a Maribel, Antonio Gallardo y el padre Metola -capellán en 'Los Alburejos'-. Así salieron las músicas que fueron ordenadas y grabadas en los estudios de Radio Popular de Jerez por los compañeros José Antonio Montero y Antonio Ayllón.

Presentado que fue el espectáculo, vinieron después numerosos ofrecimientos del mismo en Jerez y otras ciudades: Málaga (Puerto Banús), Sevilla, Córdoba hasta salir a Extremadura, Madrid -Casa de Campo en varias ocasiones- (de la primera guardo como anécdota que Pepe Quevedo tuvo que hacer juegos malabares para cambiarnos los pasajes de avión por los de tren -para Milagros, mi mujer, mi hijo Víctor y lógicamente el mío-, por mor de la primera huelga de controladores aéreos que tuvo lugar en España tras la muerte de Franco. Con el paso de los meses vendrían salidas al extranjero ¿Méjico? Con lo que mi trabajo de presentador hubo de ser 'enlatado' y, a partir de entonces quedó de dicha manera hasta hoy. ¿Sigo en activo aunque -enlatado-? Lo ignoro, porque hace unos meses me apuntaron desde el Recreo de las Cadenas que se hablaba de un mínimo reconocimiento a mi conexión con la Real Escuela y su espectáculo 'Cómo bailan los caballos andaluces' -con el que estuve en la inauguración de dos Exposiciones Universales: Sevilla y Zaragoza- amén de otros no menos importantes y numerosos acontecimientos, pero finalmente no salió. Así son las cosas. Sin rencor lo expongo y sin rencor habré de continuar lo que me reste de vida. Sólo pido una cosa a quien corresponda: La Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre tiene que ampliar su denominación con el nombre de quien, junto a un grupo de entusiastas jinetes y amigos, puso las raíces de lo que hoy es un verdadero reclamo turístico para Jerez, para la provincia de Cádiz, para Andalucía e incluso para Cataluña pese a quien pese: Álvaro Domecq.

Algún día, con más calma y con menos calor, volveré sobre el tema.

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