Me encuentro a un concejal. Hablo con él y nos echamos unas risas con las papeletas de sitio que van a acabar dentro de las urnas y las de voto que se van a entregar antes de la estación de penitencia. "La fecha está elegida a mala leche", me dice. Si las elecciones generales se celebran en pleno Domingo de Ramos, ciertamente, se hace flaco favor a la democracia. Habría incluso que buscar centros electorales nuevos porque muchos colegios quedarían literalmente bloqueados por el gentío y los palcos. Pese a todo queda una esperanza. Para que el 14 de abril fuera jornada electoral habría que disolver la Cortes la semana próxima. Mucha rapidez deberá darse el Gobierno. Mientras tanto, ya hay politólogos de andar por casa que consideran, incluso, que dicha fecha beneficiaría a los partidos conservadores, cuyos votantes suelen disfrutar de la Semana Santa y no se van de viaje como los progresistas. Son planteamientos simplistas pero, lo cierto, es que no es buen día para votar. Y además los dos 'Xerez' se ven las caras. En fin. Un lío.

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