Es común ver, en las diferentes redes sociales que abrimos día a día, numerosas veces, casi sin darnos cuenta, mensajes e inclusos cuentas dedicadas íntegramente a la difusión de la importancia de las relaciones sanas, ya sean familiares, amistosas o sentimentales. Y está bien. Todo lo que sea difundir la importancia de alejarse de la toxicidad e incluso de la violencia verbal o psicológica -y hasta física- que muchas personas ejercen sobre otras nunca estará de más.

Estas publicaciones hablan de la importancia de la comunicación, de lo negativo de los celos, del problema de la posesividad o del machismo, casi imperceptible en algunas ocasiones, que vemos a nuestro alrededor. Porque siempre o casi siempre lo vemos únicamente a nuestro alrededor.

Y es aquí donde me planteo el hecho de si, las personas que difunden este tipo de mensajes -con los que casi siempre estoy completamente de acuerdo-, realmente tienen un cerebro tan maduro y unas relaciones tan increíblemente sanas como para ir 'dando lecciones'. Recalco: estoy a favor de hacer tomar conciencia a los demás de la importancia de todo esto, pero... ¿Son verdaderamente sanas, sentimental y emocionalmente, estas personas?

Y no lo digo por decir. Me he encontrado, en más de una ocasión, personas que hablan de estas cosas mientras, literalmente, coartan, hacen sentir mal e incluso maltratan a sus familiares, amigos o parejas. Evidentemente, quien ha sufrido ciertos tratos tiene incluso más derecho que los demás a decirnos lo importante de no aguantar determinadas cosas. No obstante, es de justo lo contrario de lo que hablo: personas realmente tóxicas que venden constantemente la imagen de tener el cerebro más amueblado que los demás.

Siempre se agradece la ayuda, pero hacer introspección debe ir por delante de cualquier consejo que se lleve unos cuantos likes. Al final, como siempre, todo se resume en el postureo que nos consume.

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