Cada vez que escucho ciertos comentarios sobre el flamenco, me doy cuenta (aparte del desconocimiento existente) de la gran labor que en su día realizó la Cátedra de Flamencología. Eran otros tiempos, quizás más duros que estos, pero se defendió y enarboló la bandera de este arte desde todas las perspectivas y sin pedir nada a cambio. No había un trasfondo ni un interés, y ya se sabe, cuando las cosas se hacen desde el corazón, más valor tienen. Se ayudó al artista, otorgádole el lugar que merecía, se abrió el campo a la divulgación y formación, a través de cursos, y se defendió la investigación, algo que desgraciadamente se obvia en todos los discursos. Ojalá hubiera más apoyo a esta labor, simplemente porque queda mucho por descubrir, y muchas mentiras que desenmascarar. Espero que el nuevo máster contribuya a ello, porque lo demás sigue sin cambiar, digan lo que digan. Ya lo apuntó Israel Galván: "Si los flamencos no salieran de España, pasarían hambre". Así, por mucho patrimonio y mucha monserga, seguirá siendo un arte de 3ª, incluso con un régimen especial.

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